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Biografía del autor y entrevista Una muestra de su trabajo Opina el lector Imágenes Breve fragmento de "Vis a Vis" Puede contactar con el autor en la dirección acclown@hotmail.com
Portada: Javier Carmona Baraza
CONTRAPORTADA
Firma de libros, tras los actos de presentación de la obra en el Museo Arqueológico de Almería.
Foto libro
BIOGRAFÍA Y ENTREVISTA ANTONIO CARREÑO (Almería, 1972), actor versátil que abarca el café-teatro (Malas compañías, rock & comedy); los recitales de poesía (Versos en la boca), ambos junto al guitarrista Vicente Corredera; las obras de sala (Y tú, ¿de quién eres?)…, aterriza ahora en una nueva aventura: la literatura.
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Una muestra de su trabajo
POEMAS PERVERSOS
I
Decía aquella frase: Renovarse o morir. Entonces, si he conseguido renovarme por qué todavía me muero por ti.
II
Has equivocado la realidad con palabras que nunca salieron de mi boca. Pero yo también me equivoqué, buscando en ti lo que deseaba encontrar en otras.
III
No quiero decir más tonterías, y menos escribirte una poesía con las típicas palabras bonitas que nadie cree hoy en día.
Quiero pasar de una vez de mis palabras a tus hechos, arrinconar este simple papel y mancillarme con tus excesos.
IV
Doy mil vueltas y, a veces me, compadezco. Porque entre lo que tú muestras y lo que te ofrezco sólo hay kilómetros de tierra que separan todo lo nuestro.
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OPINA EL LECTOR “Vis a Vis”.
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La verdad es que cuando empiezas a sumergirte en la lectura del libro te va atrapando poco a poco y no puedes dejar de leer. Me ha gustado mucho, por la forma de trascribir cada sentimiento humano, por la ironía del autor al describir cada momento de la noche, por el trato tan especial que tiene con los perdedores, por como trata los innumerables rostros del amor. Especialmente recomiendo textos como "noche a la virulé", "no hago otra cosa que pensar en ti", "me gustaría...".
Recomiendo el libro, tanto si estás enamorado, con el corazón destrozado o viviendo en una soledad voluntaria.
Maria Luisa Amador Santos
La Noche, como adicción, y su singulares moradores andan tejiendo historias de la otra cara de la realidad.
Viajar a este mundo de focos, alcohol y deseo, es una peculiar escapada de lo cotidiano. En la Obra de Antonio Carreño disfrutas con pasión de la lectura de esos mundos en apariencia tan lejanos y en la realidad tan cercanos, quizás nuestra última frontera de biológica espiritualidad.
Jesús Francisco Rodríguez
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ANTONIO CARREÑO en imágenes.
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Breve
fragmento de la obra "VIS a VIS" |
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Todo se encontraba en permanente silencio. Y nada podría alterar esa quietud y tranquilidad que invadía toda la ciudad en los prolegómenos a esas horas más sublimes e intensas, esas horas donde todo era consentido, permitido, creído. El mundo, el tiempo y la humanidad seguían su ritmo maquinal de extinción pero yo, en cambio, me preparaba para ir al encuentro de alguien misterioso. Sentía su llamada de reclamo desde el otro lado de la ciudad, con su voz de auxilio implorando mi venida, mi presencia, mi alma, mi todo. Aunque había oído hablar de ella innumerables veces, no llegué a comprenderla ni percibirla hasta la noche en que la conocí. El recuerdo de la eterna soledad de antaño, junto con una gran incertidumbre, recorría todo mi cuerpo cuando me encaminaba al esperado encuentro con ese ser maravilloso. Me dirigía hacia ella sin saber el porqué, acongojado y medroso. Estaba decidido a ir a la cita, aun sin entender las causas que me llevaban a dar ese paso. ¿Qué podía esperar realmente de alguien que desconocía? ¿Era ella el último bastión donde agarrarme? ¿Me deseaba o estaba jugando conmigo? ¿Por qué me cautivaba tanto su llamada? Preguntábame sin hallar respuesta razonable a tales conjeturas absurdas mientras los árboles intoxicados, el fulgor de los edificios, la sombra inseparable y los aullidos del más allá parecían darme ánimos para que no me detuviera, para que siguiera adelante con todas las consecuencias. Me acercaba profundamente sobrecogido. No sabía lo que el destino me podía deparar esa noche, pero sentía que en aquella confusión algo grande sucedería. Al fin la vi. No se había retrasado. Iluminada por la luna me esperaba junto a la orilla del mar con los brazos abiertos, una letal sonrisa inocente y una premonitoria mirada apocalíptica. Me contemplaba sin decir nada. Yo, desde la cima del acantilado, absorto y pensativo, volví la cabeza por última vez al pasado y me tiré al vacío. Al encuentro de ella.
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