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Relatos anteriores (1) |
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Escrito
25 |
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Escrito
25 ¿Existirán
los ángeles? ¿Cómo
serán? Preguntas
frecuentes de todos, preguntas las cuales han sido muchas veces respondidas, aunque sean
erróneamente. Afirman
y reconocen tan solo a 4, Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, aunque a veces a
este ultimo lo niegan de igual forma como lo hacen con otros mas. Los
ángeles o seres de la luz, fueron las primeras creaciones de Dios, fueron
luces divinas las cuales tienen
virtudes y la gracia de manifestarse en cualquier forma, ser o tiempo. Desde
los inicios de los tiempos, los ángeles han sido participes en los mensajes o
desgracias del mundo de antaño y aunque lo dudes, del mundo actual. Mucha
gente niega su existencia y por
irónico que parezca, mucha de esa
gente es la que hoy en día es portadora de la palabra de Dios. Hoy
en día, en esta era en la cual hay manifestaciones de todo tipo, el choque de
ideologías modernas y antiguas, han provocado un nuevo acercamiento. Acercamiento
y alejamiento de fe. Acercamiento
y alejamiento de cualquier creencia Creación
y final de religiones, Pera
todo esto debido no ha Dios, y muchos menos a la fe, si no gracias a los
oradores actuales. Un
ángel es la esencia de la verdad, es la voz de la verdad, es la voz de dios
hacia sus hijos terrenales. El
mundo actual vive un tiempo de frialdad de sentimiento, de engaño de corazón,
de mentiras de palabras de manipulación de amor y esperanza. Que
pasaría si leyeras la verdad, de la
historia de tu mundo. Que
pasaría si descubrieras que Cristo fue y vivió como tu. Como
reaccionaria el mundo, si las paradojas, parábolas e historias de
los evangelios no fueran las verdaderas. Que
harías si lo que leyeras te
respondiera tu vida. Podrías
descifrar el presente, el pasado, y futuro. Que
diría tu corazón si descubriera que Jesús es el ángel supremo. Pues
así, con esas mismas preguntas, los ángeles hoy en día responden en tu
lengua, responden con tu sentimiento,
responden tus inquietudes. Muy
pocos creen, pero esos pocos, entenderán que es verdad. Los
ángeles, no vienen a negar las religiones, simplemente vienen a contar la
verdad antes de la visualización de nueva cuenta del hijo de dios, hijo el
cual camina entre todos. Los
ángeles no vienen a causar terror, mas sin en cambio si vienen a dar el
mensaje de las catástrofes próximas, aunque la decisión es de cada quien. Por
irónico que sea, los ángeles nos vienen y nos enseñan una virtud
pequeña, pero gigantesca a la vez, y
se llama albedrío. Albedrío
el cual es tu yo, y solo tu sabrás si crees o no crees. Los
ángeles son como quieras que sean, son tu esperanza. Dios
mando a su hijo a este mundo a vivir y aprender, protegido por ángeles. Ángeles
los cuales jamás han partido, aunque si han sido ignorados. Pero
ahora en este siglo de cambios, la llegada anunciada del regreso ha sido dictada, las nuevas
escrituras, las verdaderas, dictadas de nueva cuenta son. Y
los ángeles con esa virtud de
esperanza, con amor y paciencia, dictan renglón por renglón, vivencias por vivencias, acción por acción. Lo
nuevo ha llegado. Los
ángeles están hablando. Creer
o no creer es de ti.
Dichosos
los que entiendan.
Autor: Israel de
Ramos (Méjico) http://groups.msn.com/vozdeangeles |
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Sombras
del pasado |
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SOMBRAS DEL PASADO Le tengo aquí, junto a mí. Hace sólo tres días que ingresó por
urgencias con un cuadro de embolia cerebral. Sólo yo sé que está recuperado, pero la medicación que
le administro le mantiene en aparente estado de coma. No puede comunicarse
con los familiares y enfermeras, sólo escucharles y observarles como a
través de una impenetrable pantalla. No puede articular movimiento alguno, ni tan si quiera
pestañear. Sabe que no logrará poner en alerta de su estado consciente a
quienes están junto a él. Él ha escuchado cómo he contado a sus familiares las
falsedades sobre la irreversibilidad de su estado y la dolorosa agonía, y
cómo éstos, deseando evitarle todo sufrimiento, han consentido en que se
lleve a cabo la eutanasia. Nos hemos quedado a solas en la habitación, y sé que puede
escuchar cuanto le digo mientras observa mi cara de satisfacción. Cuando decidió inscribirse en la lista de quienes desean ser
sometidos a una muerte dulce en el supuesto de enfermedad terminal,
no sopesó los posibles imprevistos. Yo soy su IMPREVISTO. El no podía imaginar que su antiguo compañero de escuela,
aquél del que hacía muchos años no había vuelto a saber nada, terminaría
siendo médico internista de este hospital, donde me trasladaron hace sólo
unos meses. He cerrado las cortinas y me he sentado al costado de su cama
para que él pueda observar cómo hechos que creía ya olvidados pueden volver a
tu memoria. Cuando he aproximado a sus ojos un viejo crucifijo, un sexto
sentido me dice que ha comprendido. Aún recuerdo como él permanecía estupefacto mientras veía a
Don Antonio, nuestro encolerizado maestro, golpearme en las palmas de las
manos con su vara de almendro. Un cruel castigo para quien se había atrevido
a dar vuelta al crucifijo de la pared. El delator se vio
premiado con una palmadita en la espalda y una sonrisa de gratitud. Pero hoy
le aguarda la segunda parte de la recompensa, una dolorosa inyección letal y
una nueva sonrisa. La mía, la sonrisa de la muerte. Autor: Ramón
Cruz (seudónimo) (Perú) |
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Standby |
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STANDBY Hoy
Dios ha venido a visitarme. Quería charlar conmigo. Tal vez, incluso,
desvanecer mis dudas. Yo
no quería ser descortés, pero sabía
que tú me esperabas. Breves
disculpas y la cadenilla de la puerta
han bastado para poder, como cada día,
correr a tu encuentro. * * * Te
quiero, Ana. Mañana,
como siempre, volveré temprano. Pero ahora debo marcharme; van a cerrar las verjas. * * * Ya,
entre las sabanas, veo apagarse otro nuevo día. El
crucifijo de la pared permanece oculto bajo señal de STOP que yo mismo
arranqué de aquel siniestro lugar. Dios
ha dejado un menaje en el contestador, desea poder verme y hablar sobre ti.
No comprende que en aquel cruce la verdadera víctima fue él, porque tú, y no
él, aún vives en mí. Adolfo Ruiz
(España) |
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Relatos anteriores (2) |
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Homo
Sapiens |
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HOMO
SAPIENS No queda nada más que pueda tomar, he
ingerido ya todos los fármacos que he encontrado. Espero que la dosis sea
suficiente, pero en último extremo recurriré al ventanal, el mismo
desde el que cada mañana, rumbo al trabajo, ella me decía “te quiero” y
me despedía con una sonrisa. No se cómo ha ocurrido, no logro
entenderlo. La miro ahí tendida sobre el charco de sangre y no quiero creer
que se trate de ella. Mi reina, mi yo. Trato de buscar una explicación, mientras
viene a mi mente el recuerdo la tímida e insinuante mirada con que me
cautivó, hace ya casi treinta años, cuando con mi melena de progresista
comprometido aún creía posible poder arreglar este mundo. No puedo racionalizar mis pensamientos en
este instante, pero no dejo de preguntarme cómo ha podido sucederme a mí.
Ella y yo hemos hablado a menudo sobre estos temas tan de actualidad, con la
certeza de que parecían proceder de un mundo ajeno y lejano a nuestra
situación. Como especialista en psico-antropología,
trato de analizar lo sucedido con científica frialdad. Qué extraño mecanismo
se desencadeno en mi cerebro cuando ella me dijo que me abandonaba, que
yo no era ya aquel chico de la rubia melena. Desde mi cátedra en la facultad, son
numerosos los estudios que he realizado sobre el los comportamientos
posesivos que pueden observarse en algunos grandes primates respecto a
sus parejas, pero jamás el rechazo de la hembra hacia su macho ha tenido
consecuencias sangrientas. Qué tipo de evolución es la nuestra,
acaso, tal vez, sólo seamos una especie camino de la extinción, un sin
sentido de la naturaleza, un desliz de la biología. Ya puede escucharse la sirena de la
policía, no hay tiempo que perder. Me he arrodillado junto ella y la he
besado, quiero que sepa que, allá donde esté, me tendrá con ella muy pronto.
Necesito que pueda escucharme, pedirle perdón, y suplicarle que me conceda
una nueva oportunidad. **** Mientras me precipito al vacío, he podido
girar la cabeza y mirar por última vez al ventanal, y me ha parecido que allí
estaba ella, con su sonrisa, esperando que quizás, como siempre, en
unas horas volvamos a estar juntos. Juntos para siempre. Nota: El 1% de los casos de violencia de género se dan en
parejas de elevada formación cultural, en las que no hay antecedentes previos
de malos tratos u opresión del marido sobre la esposa, ni tan siquiera
indicio alguno que permita vislumbrar un riesgo cierto de que dicho episodio
de violencia pueda llegar a producirse. Autor: Sergio (seudónimo) Méjico |
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Las
tres Gracias |
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Las tres Gracias
Coincidieron en la sala de espera de un viaje aéreo. Nuria, Carmen y Wilma eran, posiblemente, las tres modelos más cotizadas del momento. Su viaje les iba a llevar a Ámsterdam en donde serían protagonistas de unas sesiones en las que posarían para un reputado fotógrafo de publicidad.
Su relación no era del todo buena; pero tampoco se podía decir que se odiaran. Simplemente, se respetaban, se temían quizá, se soportaban cuando no había más remedio y hacían ver que se ignoraban cuando la ocasión lo requería o que eran muy amigas, si había negocio en ello.
Carmen rompió el hielo iniciando una conversación que ella creía banal:
- Pues he visto un reportaje en el que se habla de una terrible epidemia que asoló el mundo. Le llamaban algo así como anorexia.
- Claro, mujer, a mí me lo contó mi abuela, siendo yo muy pequeña. Por lo visto, se puso de moda estar muy flaca. - Aclaró Nuria.
- Decía el reportaje que una de cada diez adolescentes llegó a sufrir la enfermedad y que, de éstas, un porcentaje escalofriante falleció por su causa y una gran mayoría no llegó nunca a curarse, a pesar de que se dedicaron grandes campañas a su prevención. ¡Y afectaba fundamentalmente a mujeres jóvenes, como nosotras! - Siguió diciendo Carmen.
- Pero lo que quizá no sepas es que dicen que el problema lo desencadenó el mundo de la moda, es decir, nuestro mundo. - Apostilló Wilma que, hasta ese momento, no había hecho más que escuchar, con aire ausente.
Carmen y Nuria quedaron perplejas. Wilma era mujer de pocas palabras, pero cuando hablaba, solía hacerlo con conocimiento de causa y ellas lo sabían. Sus dos carreras universitarias, Periodismo e Imagen, Sonido y Cinematografía, le convertían en la mas instruida al respecto o, quizá, en la de opinión mas solvente de entre ellas tres.
- Y, además, contribuyó a todo ello y mucho, el papel de los medios de comunicación que, por entonces, ensalzaban esas figuras caquéxicas de verdaderas muertas de hambre, sin carne ni grasa alguna entre el hueso y la piel. - Siguió diciendo Wilma mientras levantaba sus noventa quilos del asiento en que reposaba su rebosante trasero, para acercarse a la barra del bar.caquécticas
Nuria susurró por lo bajo a Carmen mientras tanto:
- No hagas mucho caso, creo que trata de impresionarnos. ¡No es posible barbaridad semejante!
Carmen, sin embargo, abundó en la opinión de Wilma:
- Sí lo es, lo decía el reportaje. Y no acaba ahí la cosa: por lo visto, la prensa se metía con la vida privada de las personas famosas!
- ¡Pero si eso está prohibido por ley en todo el mundo! - Exclamó Nuria.
- Lo está ahora. Precisamente esa ley se aprobó para evitar los abusos que se estaban cometiendo. Llegaban a inventarse falsos idilios, se metían con los defectos de las personas y no sé cuantas cosas más. En fin, verdaderas atrocidades. - Aclaró Wilma mientras volvía a su asiento con un vaso de agua mineral en una mano y un canapé de jamón en la otra.
- Y además, había pseudo famosos que vivían de que los medios de comunicación les pagasen cantidades muy importantes por lo que llamaban exclusivas, reportajes sobre su vida, que podían llegar a ser incluso inventados, acompañados por fotografías de los interesados que hacían creer que eran casuales.
Ahora era Nuria la que intentaba levantar con dificultad sus casi cien quilos del asiento en que estaban desparramados. Una vez puesta en pié, se acercó a una mesa en donde una pequeña pantalla daba información de las salidas aéreas previstas. A su vuelta exclamó:
- Lo que parece estar como en el siglo pasado es esto de los retrasos. ¡Parece mentira....!
Carmen y Wilma seguían con su tema. Esta última, dirigiéndose a Nuria, preguntó:
- ¿Crees que Carmen, con sus ochenta y nueve quilos, con sus redondeadas formas, con sus enormes nalgas, sería modelo en aquella época?. Pues no. Eran otros tiempos, eran otras modas, eran otras leyes, era otra manera de pensar....
Nuria puso los ojos en blanco y tras un suspiro respondió:
- Pues menos mal que estamos en el año 2076. Si llego a vivir en aquellos tiempos, me veo poniéndome a régimen, con lo malo que debe ser eso.
Ahora, sin embargo, se llevan llenitas, como nosotras, con los quilitos en su sitio, con las grasitas adecuadas. La verdad es que ahora hay quienes envidian nuestras celulitis y se hinchan a comer para ponerse rollizas. Pero eso es mucho más fácil y llevadero que lo que me estáis contando. Por cierto, ¿cómo se llama el artista, ese holandés para el que vamos a posar?.
- Rubens o algo así me ha dicho mi representante. Creo que tiene un antepasado que fue un pintor famoso. - Aclaró finalmente Carmen, mientras por los altavoces una amable voz femenina anunciaba que su vuelo tenía veinte minutos de retraso.
Andrés Gandia Palau (España) |
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Solo
un "Flash" |
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SOLO UN "FLASH"
“No sé qué hacerles de comer hoy, ayer hice lentejas y los niños no se comieron ni medio plato. Tienen que comer, están creciendo, pero la pubertad es una edad muy mala... 15 y 17...Ah!, quién los tuviera ahora. No haría yo cosas con esa edad, lo primero no echarme novio tan pronto; 20 años de matrimonio ya...como se va la vida. Uy!, pero si ya son la una, tengo que ir al mercado a comprar filetes”.
Mientras miraba su reloj comprado en la tienda de todo a un euro, María aceleró su paso esquivando a los transeúntes de la transitada avenida. Entre la vorágine de pensamientos a cerca de lo que tenía que hacer ese día, miró su figura reflejada en uno de los cristales de la tienda de televisores. El paso del tiempo había acentuado aún más sus curvas y el chándal de color azul oscuro, no conseguía disimular su barriga picuda fruto de sus dos embarazos.
María se paró un momento a mirarse en el cristal de una
tienda, dando forma a lo que quedaba de la permanente que se hizo en el pelo
hace tres meses. Tras el cristal, en la tienda había cientos de esas teles
nuevas de plasma que valían un ojo de la cara. Entró en la tienda por
curiosidad a ver una que había al fondo de
“Qué bonita,- pensó-. Pero qué cara 2000 euros...Pero si a mi marido le dan la paga en Navidad, a lo mejor podemos comprarla...” Entre sus cálculos, la tele estaba emitiendo una entrevista a un joven erudito. María dejó lo que estaba pensando y prestó atención a la entrevista sin saber por qué:
-Qué está estudiando usted ahora?- Le dijo el elegante presentador al joven.
-Estoy estudiando las lenguas muertas, el arameo, sánscrito y varios idiomas perdidos hace muchos años.
“Qué bien, yo no terminé ni mis estudios”.-Pensó María para sí misma.
-Y dígame...Cuál es el origen de sus disertaciones a cerca de la vida.-Le siguió preguntando el interlocutor.
-Cuando empecé a tener inteligencia...
“Sería estupendo ser inteligente como ese joven tan bien vestido.”-Volvió a pensar María. De momento, la entrevista cambió de personaje y apareció la imagen de María en lugar del sabio.
-¡No puede ser!.-Dijo María sentada frente al interlocutor.
-Qué es lo que no puede ser, el tener inteligencia, usted la tiene, ha sido calificada como una de las mujeres más inteligentes que hay en nuestro país...Pero volviendo a su respuesta, cuándo tuvo usted inteligencia?.
-Desde niña-Le contestó María muy suelta.
-Entonces, usted empezó a pensar en la sabiduría de la vida desde muy pequeña.
-Somos sabios desde que nacimos, lo que ocurre, es que nos convencen de que somos todo lo contrario.
-Qué es para usted la inteligencia?-Preguntó el entrevistador con una de sus preguntas más difíciles.
-La inteligencia verdadera es una mezcla de razón e intuición, la acumulación de conceptos solo es memoria.
Una mano tocó a María en el hombro y una voz con malos modos sonó en su oído diciéndole:
-Señora, desea algo?, son las dos vamos a cerrar.
Era el dependiente de la tienda que tenía ganas de irse a su hora y no terminar más tarde, pues ya era viernes.
María volvió a encontrarse mirando la tele y en lugar de la entrevista, estaba un documental de dos escarabajos peloteros peleándose por el estiércol.
Despertando de su ensimismamiento le dijo al vendedor:
-No, solo miraba, ya me voy.
Con paso lento, se fue de la tienda pensando:
“Vaya, he debido de dormir muy poco esta noche, ya soñaba despierta. Qué sueño más raro...Pero bueno, solo ha sido eso, un sueño, un flash, otro de tantos.”
Y con un suspiro suave y contenido, María se fue a comprar los filetes a la carnicería no sin antes echarle un último vistazo desde la calle, a esa tele de plasma que había al fondo del escaparate.
V.R. Calvo: El ser humano encierra dentro de si valores que ni el mismo imagina, es un genio de la naturaleza, tan inteligente, que su inteligencia lo frena para que no sea tan poderoso. Victoria Reyes Calvo San Fernando (Cádiz) |
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En esta sección difundimos
gratuitamente relatos breves. Si esta
interesado en que su relato pueda aparecer en esta sección debe remitirnos el
mismo en formato Word, junto a sus datos personales. Cada mes incluimos en esta página aquellos que a nuestro juicio ofrecen un mayor interés y se ajustan a nuestra línea editorial. Le
agradeceríamos que nos diera su opinión sobre los relatos que le
ofrecemos, escribiéndonos a
editorial@alkubia.com Algunas de las opiniones recibidas serán obsequiadas con un
ejemplar de nuestra reciente publicación.
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Carmesí
(relato breve) |
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CARMESÍ
"¡Ellos también se sienten solos!"
Mientras
iba esquivando mezquindad y ruina por las aceras, ella siempre miraba
directamente a los ojos repudiados. Ellos tenían el rechazo por costumbre,
propio y ajeno, pero la niña no les tenía miedo, tal vez entendía esa
oportunidad que la sustancia para olvidar les daba; también el cobijo de la
noche. No era tiempo de volver a casa. Aunque ponía empeño en esconderlo, tenía
frío; se movía compulsivamente.
"El vacío en mi alma."
Convertía
rápido la mueca triste en arrebato violento y se lanzaba calle abajo,
esquivando luces y pensamientos. Brillaban más allá las miradas soñolientas,
casi muertas, codificadas por vallas de red metálica y advertencias
herrumbrosas. Entre las fogatas ella se habría sentido recogida, tal vez.
Sabía de sobra que dejaba de ser una niña y eso, además de valentía, también
le daba miedo. Había encontrado nuevas miradas. Ojos que buscaban otra cosa.
"No debería volver."
El
esfuerzo, roto, en vano. El corazón, aunque muerto a edad temprana, seguía
hospedando inocencia y negaba la visión de su hogar corrupto. El mundo se
ralentizaba cuando fallecía en esos vacíos de imagen horrenda. Tal vez el entorno
siguiese su camino, pero en ella todo se detenía, el cemento discurría menos
veloz allá abajo hasta que se terminaba su inercia. La rebeldía se ahogaba
muy de vez en cuando por el recuerdo insano, pero rápido fruncía el ceño.
"Odio..."
Supo
que debía estar protegida, algo se lo hacía saber. Soñaba con el abrazo;
algunos abrazos tenían otras intenciones, pero ella soñaba con ser abrazada.
Odiaba el vientre que la había gestado porque a menudo era el predio
sirviente de algunos hombres que odiaba con todo su alma. Odiaba su calle de
metal y escombro. Odiaba su vida punzante. Odiaba su puerta ruidosa.
"¿Amor?"
No,
eso no era amor. No, ella no quería eso. No veía en mamá ninguna princesa.
Ella era el sigilo humillado, los pasos jóvenes y furtivos. Tal vez esa
puerta entreabierta fuese un espejo de su futuro, pálido y trémulo. No quería
mirar, no quería escuchar. Huyó de los sentidos allá abajo, agazapada entre
los restos que deja tras de sí una vida mezquina.
"Te dije que no vinieras hasta tarde."
Ella
de veras sentía que no debía haber venido...
"Sí, es odio."
Prefirió
encontrar el reflejo de su futuro en un filo cromado. El color carmesí era
tónica en ella; en su pelo, en sus labios y, ahora, en sus muñecas, en sus
manos. Brotando, pero hacia el suelo. Como ella misma.
Autor: Sergio Alonso (Oviedo)
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Un
día normal (reto breve) |
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UN DÍA NORMAL
Todos
esperamos que aquel tipo absorbiera el último trago antes de responder.
—Creo que si alguna vez se produjera tal hecho, la gente reaccionaria bastante mal; se volverían locos y huirían despavoridos a las montañas. Es más, pienso que el ansia llevaría a algunos al suicidio... —dijo frotándose la nuca—. Sería una locura, creo que eso nunca ocurrirá porque somos la excepción, un desliz del universo, ahí fuera no hay nada amigos, permítanme decirlo... estamos muy solos... —hizo ademán con el dedo de querer otra copa.
Hablaba el más
escéptico de cuantos nos reuníamos en el bar de la
esquina. El tío al cual no le importaba caerle bien a nadie. El ser que tiene
su sitio adjudicado en la barra y que pone mala cara si llega algún
desaprensivo y se sienta en su banqueta. Era el que más alcohol ingería de
todos los clientes y eso remitía sus palabras al mínimo interés de la sala.
Algunos éramos conscientes de los problemas de aquel tipo, pero en el fondo
cavilábamos de la sinceridad de sus palabras. Expuso las eternas preguntas.
Cuestiones sin respuestas, que nos inducían a echar horas extras en el bar, para aclarar un poco nuestras ideas escuchando a la
algarabía popular. También creo que más de un cliente en los últimos días se
acostaba temprano después de una indispensable riña con su esposa.
De pronto alguien del fondo al que no podía ver
bien, debido a la poca luz donde se encontraba, levantó la voz: —Nadie puede especular sobre eso. ¿Cómo os
diría yo? Es cómo decir que nuestros paisajes más bellos no existen sólo
porque nunca has estado allí... hum... si, de
vacaciones o algo, puedes haber visto fotos, imágenes, y qué... hasta que
nuestras propias retinas no enfoquen el lugar, nada de nada ¿ No? No, señores
no... tenemos algo más que ojos en la cara... —dijo y se sentó de golpe.
Mientras tanto, nuestro camarero favorito, seguía
secando los vasos con un paño. De vez en cuando los dejaba a un lado y
fumaba. Después seguía escuchando, expectante. Sonreí al compararlo con ese
animal que mira hacia la derecha con un ojo y hacia la izquierda con otro. No
recordaba haber oído la opinión del camarero sobre el tema, es más, no
recuerdo verlo opinar sobre ningún tema y ahora que lo pienso ¿Había hablado
en los último días? No lo sé aunque si recuerdo verlo sonreír cuando alguien
proponía una teoría insostenible.
Luego estaba ella. La dueña del local. Aquella
señora que ordenaba desde la antesala y mandaba poner orden cuando algún
debate se iba convirtiendo en un bullicio. Ella, rara vez se inmiscuía con
los clientes. Quizás le importaba un comino si había vida en el espacio
exterior, si existía Dios o si el nuevo gobernador era digno de serlo. Aunque
todos sabíamos de que pata cojeaba la vieja. Las cuentas. Todas y cada una
debían estar al día y eso se lo hacía saber constantemente al señor de la
bayeta.
—No se fía —le decía al
dependiente y su mirada se iluminaba.
Alguien desde las mesas contiguas al ventanal se
preguntaba como serían los seres de otro planeta, si es que existían. Otros
hablaban de apariciones nocturnas en zonas cercanas al mar, seres de cabeza
grande y ojos extraños. Comentaban que seguramente estuvieran esperando el
momento adecuado para el contacto. También oí decir que existían entidades
superiores que solicitaban una oportunidad para no hacernos daño
psicológicamente.
—O sea tíos, os veo concienciados de su condición
afable pero... ¿ y si no lo es? —interrumpí alzando la voz poco a poco para
hacerme oír. Nadie contestó. El camarero enarcó una ceja hacia mí. Luego se
dirigió hacia el monitor y lo encendió. Daban noticias en todas las cadenas y
no era su hora. Poco a poco se hizo la luz en el monitor y entonces llegó la
conmoción. Una decena de naves alienígenas habían invadido el cielo de la
capital. La de mayor envergadura cuya imagen estábamos presenciando en este
momento un poco distorsionada quizás por la hiperactividad de la cámara, era
de un color fulgurante y calorífico. Observar ese destello lagrimeaba mis
ojos. Era como mirar a un foco de luz a poca distancia. La señorita que
narraba los hechos se trababa bastante al hablar y eso nos ponía aún más
nerviosos. Aquellas planchas metálicas se habían manifestado hacía diez
minutos sobre nuestros cielos. Ningún radar de todo el estado las había
detectado. Y peor aún, la última noticia era que la nave
nodriza había comenzado un descenso repentino en dirección a
Miré sin reparo al camarero. Ahora, su cara iba acompañada
de la situación. Ya no secaba vasos, ahora escuchaba el receptor con la boca
abierta como un agujero negro. Todos en el bar
miraban aterrorizados a la locutora que con su profesionalidad nos hundía la
moral con pormenores. La gente corría por las calles de la capital alienados
y sin cordura alguna. Los atascos abarrotaban la ciudad. Los agentes de
seguridad intentaban establecer el orden infructuosamente. En algo si tenía
razón el bebedor empedernido. Huían despavoridos a las montañas. El
tan esperado contacto se iba a producir en unas horas y la muchedumbre huía
como ladrones de banco. Sin embargo, los aquí presentes se limitaban a
murmurar como en una biblioteca. Lo cierto es que me parecía maravillosa esta situación. Era uno de esos momentos de la vida en los que sientes que debes hacer algo pero no sabes que. Sabes que estas atravesando un antes y un después en la historia. En tu historia. En nuestra historia. Una de las fronteras inexploradas estaba apunto de desvelarse y nosotros sólo podíamos mirar y esperar. Tal desasosiego era comparable a cuando llega el instante de ver el desenlace final de un serial que te ha mantenido meses con la intriga. O cuando el padre primerizo ve por primera vez el rostro de su primogénito después de tanta espera. Miedo y nervios. O quizás más de lo primero. Era curioso ver cómo le daban emoción al encuentro activando un reloj con una cuenta atrás con numeritos rojos e intermitentes que nadie sabía que nos depararía. Cada vez está más cerca el fin pensé.
Miré a hacía las mesas. Me asusté cuando me percaté de que el
local estaba totalmente vacío. La gente había desaparecido. ¿Habían huido
asustados? Seguramente se marcharon en busca de sus familias para ocultarse
en un lugar seguro. Todos juntos. Como animales.
Sólo aquel que secaba los vasos seguía junto a mí, atento al
aparato. Nos observábamos de vez en cuando. Creo que con la idea de ver quién
de los dos era el último en abandonar. Pues conmigo lo llevaba claro. Esa
inquietud en sus ojos me recordaba a Lyla. Mi
interés por ella en este momento se reducía a cero. Me negaba a volver a su
lado. Así era para mi un día normal.
—No pienso irme, la jefa me aseguró una vez... “ el día que nos visiten esos alienígenas de
los que tanto habláis, el negocio será tuyo...” y se ha ido la muy puta —dijo el mozo dejando escapar una
carcajada y casi arrancándome una a mí. Dicho esto colocó dos vasos en el
mostrador y se fue hacia la antesala donde se solía sentar la dueña. Regresó
con una botella que desprendía un olor exquisito. Los dos sonreímos.
Llegó la hora. Había concluido la cuenta atrás. La
nave nodriza se había posado en el gran tejado blanco en el que se
distinguían tres hileras de agentes armados. El gobernador con su particular traje
de fiesta, le ponía la guinda al primer plano. Una especie de rampa
empezó a deslizarse lentamente desde la parte baja del objeto acercándose a
la lona de colores que representaba nuestra bandera. Cuando la escalinata
chocó contra el suelo se hizo el silencio. La música se apagó y por un
momento pensé que se le había ido la voz al aparato pero mi compañero debió
pensar lo mismo pues me negó con la cabeza resolviéndome la duda. Fue
entonces cuando salió. Lentamente unas piernas descendieron. ¡Dos piernas!
Menos mal. Poco a poco se dejaba ver su piel moteada. Era extraña. Llena de
arrugas. ¡Dios mío! ¿Pero que es eso? —gritó mi compañero—. ¡Que asco!—grité
yo.
En su cabeza había una especie de pequeñas ramas
negras. ¡Tenía sólo dos ojos! ¡Y en los laterales de la cabeza
poseía unos reducidos muñones de carne!
Me quedé literalmente sin habla. No podía hablar. Pero lo peor; su
boca. ¡Estaba llena de una especie de piedrecitas
blancas!
¡Era repugnante! Aquel ser levantó una
articulación y creo que hizo un
intento de comunicación. El gobernador debió percibir lo mismo pues
dio orden de activar el confinador para que sus
palabras fueran traducidas.
Hola somos humanos. Y venimos en son de
paz.
—Toma, bebe amigo mío, puede que ésta sea tu última copa —dijo el camarero. Autor: Juan
José Castillo (Sevilla) |
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Feliz
Navidad (relato breve) |
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FELIZ NAVIDAD
La gente pasa a su alrededor y él sigue su rumbo al abismo, se frena delante
de las puertas metálicas de un resplandeciente cromado que reflejan su
diminuta figura. Permanece allí parado, observando al nuevo amigo que se le
proyecta, al principio no distingue la realidad y palmea repetidamente las
puertas. Al momento para y se ladea mirando fijamente su propio reflejo,
primero sonríe llanamente y seguidamente a carcajadas se divierte con su
propio yo. Sólo percibe –no aprecia a darse cuenta de que es él mismo-, que
alguien repite sus gestos.
Las puertas
se abren y el pequeño Pau se asusta. El
insignificante sobresalto le hace padecer, y al flaquearle sus tiernas
articulaciones cae sentado de culo. Un enorme espejo en el interior del
cubículo le muestra su figura. Se incorpora a cuatro patas y se adentra a
palpar el espejo. Sus manos se unen con dóciles golpes que propina en el
cristal. Las puertas se cierran y el cubículo se mueve. Pau
no lo percibe.
El ascensor
se para bruscamente y el muchachito se pone de pie ayudándose con las manos
en el frío espejo. Cuatro personas se adentran en el hueco y Pau desaparece esquivando sus piernas.
Un nuevo
espacio se le presenta, su vista recorre todo el perímetro ambos lados. Se
percata de que todo es distinto. <<Es una caja mágica –se dice>>.
Da media vuelta y se adentra en el gentío.
En un primer instante permanece estático y mira ambos lados buscando a su
madre. No la ve. Nota su ausencia por un momento se da cuenta de que necesita
su compañía. Avanza por la marabunta de piernas que lo rodean y se deja
llevar. Su cara despavorida amenaza con estallar y propagar sus sonoros
llantos en la inmensa sala del centro comercial donde se encuentra. Pero no
lo hace.
La navidad se
aproxima y los centros se adecuan al gran acontecimiento. Un inmenso abeto se
alza hasta lo más alto en el centro del comercio. Donde un gran circulo recoge
un espacio central, un punto de encuentro o partida. Los posibles sollozos
que se avecinaban en el rostro de Pau desvanecen al
instante. La inmensa oda de luces que se aposenta frente a él lo neutraliza.
En esos momentos en su cabeza solamente existe el abeto repleto de sus
tintineantes colores. Hace tan solo cinco o como mucho diez minutos se
encontraba a las faldas de su madre en una tienda repleta de juguetes y
diversidades.
Pau daba tirones de la falda
de su madre exigiendo mera atención que no llegaba. Su madre embaucada con la
dependienta tan solo decía:
-Pau estate quieto –y seguidamente-. No te muevas de mi
lado.
Había
recorrido la tienda palmo a palmo, juguete a juguete. Entreteniéndose con
todo aquel artefacto que encontraba a su alcance.
<<Pau estate quieto. ¿Mama?>> se había dicho Pau en el momento que se abrieron las puertas del
ascensor y repetidas veces mientras caminaba exhorto entre el gentío. Sin
embargo ahora no se acordaba del hecho. Ahora no pensaba en nada más, todos
los miedos y su entorno pasó a un segundo plano, nada existía, nada ocurría
en su humilde entorno.
La
muchedumbre pasaba por su lado y al parecer su mayor preocupación era la de
no chocar con el muchachito. Los había con prisas que no podían permitirse el
lujo de perder un segundo a observar si iba acompañado. Y los otros, aquéllos
que paseaban con sus preocupaciones y se decían que tenían bastante con las
suyas.
Gracias a
todos ellos Pau pudo seguir avanzando sin que nadie
lo detuviera. Anduvo los metros necesarios con su peculiar caminar hasta
llegar frente al enorme abeto. Nadie entorpeció su llegada.
Se encontraba en la primera planta del
recinto y una valla de cristal ahumado lo separaba de su destino. Apoyado en
el frío cristal chafó su cara contemplando el acontecimiento. Vio otros niños
que alzaban la cabeza para ver la densidad de todo aquello. Pau quería llegar allí.
Su madre
pertenecía al grupo de personas que van de aquí para allá, sin prestar
atención, al grupo de las prisas. Al llegar al centro comercial Pau y su madre habían pasado por delante del abeto pero
ésta no le otorgó unos minutos de su tiempo, tenían prisa, luego volverían a
ver el árbol. Pau pasó los próximos cinco minutos
con un estruendoso berrinche. Una queja que se alzó hacía el cielo y quedó en
vano.
Una muchacha
joven se acercó y se apoyó en la barandilla. Agachó la cabeza y contempló al
pequeño Pau.
-Es bonito.
¿Te gusta, verdad? –le dijo con la mirada fija en el árbol.
Pau asintió con la mirada. La muchacha le acarició el pelo
en un revuelo y sonrió. Después se despidió y dio media vuelta adentrándose
en el gentío. No podía percatarse si iba acompañado, ya tenía sus propias
preocupaciones.
Sin apartar
la vista del abeto comenzó a recorrer la valla de cristal. El rastro de sus
dedos lo perseguía por el cristal. Llegó al final de la valla y descendió por
las escaleras que le abrían el paso a la planta baja, a su destino.
Bajó torpemente ayudándose de una pequeña
repisa que acompañaba cada tramo de escalera. Estaba muy cerca de su destino,
lo estaba logrando. En ese momento se percató de la música que sonaba a
través del hilo musical del recinto. Justo donde se encontraba ahora, se
escuchaban los alegres villancicos, el tumulto de la gente había ahogado la
alegre melodía todo el tiempo.
Contemplando
el abeto desde allí, comenzó a mover su cabeza y sus manos con ademanes muy
graciosos. Pau estaba bailando. Sonreía con la
dulce sonrisa de un niño; lo que era.
Un hombre
topó con él e interrumpió su danza.
-Perdona
chaval.
Y siguió a lo
suyo. No hubo nada más.
Pau se aproximó a la cinta moteada de color rojo que
rodeaba el colosal abeto. Ahora contemplaba la magnitud de todo aquello. Con
la palma de su mano acariciando la cinta, bordeó todo percibiendo cada
detalle. Al llegar al punto de partida se encontró con una niña que
contemplaba el abeto. Por la estatura venía a tener la misma edad que él. La
miró fijamente y cuando ésta lo advirtió sonrió. No hizo falta más.
Un simple
gesto, una mirada dulce y amorosa, una comunicación tierna que los unió ante
aquél admirable abeto. Los niños no necesitaban más para hacerse entender.
Sus suaves y graciosas manitas se entrelazaron. Al poco tiempo otro niño se
aproximó y se puso al lado de Pau. El muchachito lo
miró y le alzó la mano, el nuevo hombrecito la estrechó. Poco a poco llegaron
más niños y fueron entrelazándose entre sí.
Antes de
entrar en la oficina me he parado a fumar un cigarro, mientras contemplo
desde lo lejos el abeto que se alza en su plenitud en el centro. Me dispongo
a entrar por la puerta que da paso a las oficinas que se aposentan encima del
centro comercial cuando diviso a varios niños a pie del árbol. Imagino que el
centro ha organizado alguna actividad infantil. Apago el cigarro en el
cenicero que hay apoyado en un pilar. Al darme la vuelta a lo lejos veo a una
mujer que divaga por la multitud, alarmada mira hacía todos lados. Por un
momento no se que ocurre hasta que percibo que ha perdido a su hijo.
Miro ambos
lados y me percato de que varios padres comienzan ha seguir el mismo ritual
de la madre. Algunos hablan entre ellos y alzan las manos hacía el cielo.
Extrañado ante el espectáculo no se me ocurre nada. En ese momento una de las
madres avanza velozmente en dirección del epicentro del recinto, donde se aposenta
el abeto. Los demás siguen el ritual. El grupo de padres se aproxima hasta
que uno de ellos abre sus brazos horizontalmente y se detienen a escasos
centímetros de los muchachos. Cada padre y madre se sitúan detrás de su
pequeño y entrelazan sus manos.
A los pocos
segundos el murmullo insoportable del gentío desvanece. Los villancicos se
escuchan con claridad en el recinto. Apoyado en el pilar donde descansa el
cenicero enciendo otro cigarrillo y contemplo como padres y niños se unen a
la melodía que suena. Contemplo el evento pensando en que han conseguido la
atención de sus mayores, de una forma inusual y sencilla acaparar la atención
de todos. Como el instinto de un niño consigue su cometido sin más
vacilaciones que su propia carismática existencia. Y es que la inocencia de
un niño desaparece con el paso del tiempo...
Una sonrisa
que hacía mucho tiempo no aparecía se refleja en mi rostro. Un cosquilleo se
apodera de mí mientras observo la lección de humanidad que sin saberlo, nos
exponen.
-Feliz Navidad
–digo en un susurro. Autor:
Daniel González Porcar (Barcelona) |
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Calles
(relato breve) |
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CALLES
La calle estaba mojada, pero en ningún
lugar me encontraba mejor que en ese cartón sobre el suelo. Cada mañana al
despertar de esos sueños maravillosos que recorrían mi cabeza me levantaba
con una sonrisa, una sonrisa rara, de esas que salen de tus labios sin pasar
antes por la cabeza.
Hoy me levanté temprano, sobre las 10 de
la mañana. Cuando no tienes techo ni ropa de abrigo a la que aferrarte todas
las horas te parecen temprano, y cuando parece que hay suerte y en un día de
crudo invierno el sol te da en la cara y te despierta con su fulgor, amigo,
ese sol se burla de ti, porque te despierta y te deja pasar el peor frío, el
frío de la mañana.
Por lo demás, lo bueno de levantarse tarde es no
tener que aguantar los cruces de miradas de los vecinos de la comunidad,
algunos con caras de lástima y otros con caras de desprecio.
La verdad es que nunca he tenido ningún
problema grave con un vecino, excepto aquella vez que cogí aquel bocadillo
del suelo y el padre de aquella bestia de niño casi me mata por un trozo de
pan. Desde ese día intento no tener vecinos fijos, e intento cambiar de
barrio y de aires.
Muchos de vosotros que me veis cada
mañana tirado en mi cama de cartones podéis pensar que como un tipo como yo,
joven y guapo, y no es por presumir, se encuentra de ese modo.
La verdad es que desde hace algunos años
mi vida carece de sentido, para qué quiero trabajar si no quiero el dinero
para nada, para qué quiero estar más cómodo o caliente si prefiero morir de
frío, morir sí, morir, ¡pero por causas naturales eh!, que yo no tengo valor
ni autoridad para quitarme la vida a placer.
Pues bien, hace algunos años yo también tenía
trabajo como la mayoría de vosotros, y disfrutaba de muchas de las
“incomodidades” que no tengo ahora.
A pesar de todo, mi vida ha tenido
muchos buenos momentos, y como suele decirse, puedo morir tranquilo, bueno,
tranquilo, tranquilo…, aún me queda un sueño que cumplir, pero no es algo que
me inquiete, ya que el simple hecho de que ese sueño me ronde la cabeza cada
día me ayuda a superar los días presentes y haber superado los pasados.
No es que no tenga valor para afrontar esta nueva
vida que me deparó el futuro, sencillamente es que no tengo ganas de vivirla.
Hace mucho tiempo que no veo a mis
padres, ¿cómo estará mi padre de la espalda?, ¿seguirá mi madre haciendo esos
estupendos bollos de aceite?, tengo que ir a verlos, no me imagino la cara
que pondrían, a lo mejor ni me abren la puerta después de haber desaparecido
así de repente casi sin dar explicaciones.
Hace un día terrorífico, el agua cae a
cubos, tengo los pies completamente congelados a pesar de los dos pares de
calcetines que me coloqué anoche.
Muy bien, pongámonos en marcha, los cartones al
contenedor de los cartones y las mantas las dejaremos aquí bien dobladitas y
algún compañero sabrá bien lo que debe hacer con ellas, sobre todo en una
noche como la que se presenta.
Me dirigí a la estación de ferrocarril,
eso sí después de haber desayunado bien y haberme gastado las últimas 500
pesetas que tenía en los bolsillos. Aprovechando esta visita al bar de la esquina me aseé como pude en el baño de
señoras, porque del de caballeros mejor ni hablar. Me dirigí ahora sí a la
estación y me coloqué en la cola de la ventanilla y pedí un billete para
Granada. Después de que la muchacha de la ventanilla me mirara de arriba
abajo a causa de haber pagado con mi visa, (la cual a estas alturas no
debería superar las 8000 pesetas) y comprobar a ciencia cierta que
efectivamente el señor de ese DNI era yo, me pasó el billete y me dedicó una
media sonrisa.
Después de las dos primeras horas de
viaje desperté, el miedo se apoderaba de mí cada vez más, cada vez estaba más
cerca de mi casa, de mi familia, de mis recuerdos. Iba a ser muy duro volver
a encontrarme con ellos, con todos mis recuerdos, pero sin ti Juana, y sin
vosotros hijos míos.
Autor:
Miguel Cárdenas Callejón Calahonda (Granada) |
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El
suicidio de Dios ¿Diseño inteligente? (relato) |
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EL SUICIDIO DE
DIOS ¿DISEÑO INTELIGENTE? Si Uro hubiera podido
leer lo que los humanos han fabulado sobre el origen y evolución de las
especies, o sobre los dioses y entes similares a los cuales adjudican su
creación y la de todo lo demás, había sufrido un ataque de risa que le habría
amenazado con la desintegración... si es que Uro
pudiera reír.
Uro existe por que sus antecesores percibieron la
necesidad de sustituir algunos nódulos que habían empezado a emitir las
señales inequívocas de saturación, con lo que ello apareja de peligro de
irrupción de falsas conclusiones originadas por parásitos de la inteligencia.
Esos nódulos debían ser retornados al caos y sustituidos por otros de
estructura limpia.
El nombre, Uro, se emplea
sencillamente para orientar al lector, pues eso de nombrar las individualidades
es un invento humano. Uro es, en realidad, un
nódulo de energía coherente y organizada; uno de los incontables que pueblan
el universo... también se hubiera podido escribir una nódulo, pues
obviamente, las estructuras energéticas no tienen sexo.
Pero volviendo al inicio: Las fábulas que cuentan
los humanos al respecto de cómo surgió la vida en el Universo y lo que es la
vida en realidad, son justo lo que puede esperarse de los humanos: una
creación infantil poco afinada, llena de incoherencias y que se deja
satisfacer con respuestas facilonas, como los
humanos mismos.
La realidad es otra:
El desorden caótico de la energía en el Universo
encontró un día, por azar, una cierta pauta. Quizás la interacción de dos
ondas produciendo una tercera que acumulaba características de sus
antecesoras o la reacción de un grupo de alteraciones, que ante un impulso
externo reaccionaron coherentemente generando una experiencia y una pauta,
dieron lugar al principio del pensamiento, que es en realidad el origen de la
vida.
Aquella primera reacción lógica, primer pensamiento
o primera organización de la energía con resultados inteligentes fue
desarrollándose y adquiriendo complejidad hasta llegar a componer nódulos
absolutamente coherentes, en los que la actividad pasó de las reacciones ante los impulsos del entorno, a una cierta
actividad pensante que se abrió a la fantasía... y en el momento en que los
nódulos empezaron a imaginar, surgió el germen de
Es evidente la improbabilidad de que un fenómeno
energético se mantenga confinado de manera espontánea, especialmente si se
considera la curiosidad expansiva de la inteligencia, y más aún si ésta está
ya básicamente organizada en forma de nódulos lógicos. Por esta razón, se
entiende que
Estos restos de fracasos experimentales van dejando
en los nódulos incoherencias parásitas que a partir de una cierta densidad
lastran su atrevimiento para generar hipótesis, poniendo en peligro su
capacidad de proposición y su equilibrio. Por esta razón, la inteligencia
global, que es el producto de la interacción de la capacidad pensante de
todos los nódulos, decide periódicamente renovar algunos de ellos ya excesivamente
cargados de contradicciones. Esta renovación es tan sencilla como provocar
nuevos nódulos copiando la estructura de organización de los más
evolucionados, transferir a éstos los resultados positivos de la reflexión
conjunta, y permitir que aquellos otros llenos de parásitos, frustraciones y
contradicciones sencillamente retornen al caos al abandonar la estructura que
da coherencia a la energía de la que están formados.
El proceso de transferencia de las experiencias no
es tan sencillo como la creación, pues para generar un nódulo es solamente
necesario forzar que una cierta energía asuma determinada estructura... lo
difícil es modular esa estructura para que, sin desnaturalizarse, vaya
asumiendo en un orden lógico, los antecedentes y la situación más avanzada de
las reflexiones en marcha; de las cuales, unas darán resultados positivos, en
términos de provocar la evolución hacia estructuras de mayor complejidad,
mientras que otras producen resultados que pueden ser desde banales hasta
regresivos e incluso, en ciertos casos, dañinos por su potencial de generar
espirales de lógica autodestructiva. Estas últimas han de ser desechadas,
pero guardando memoria del intento para no repetirlo.
Uro es un nódulo joven que está recibiendo de su
entorno la herencia de lo reflexionado, de lo comprendido, de las hipótesis
fallidas y de lo que aún se pregunta ese complejo entramado de energía que se
llama
La pregunta inmediata, que ya fue resuelta por las
primeras generaciones era: ¿De dónde procede todo lo que somos? La conclusión
fue rápidamente identificada, depurada y aceptada, y resultó clara y
convincente:
El orden absoluto es
Cuando las primeras preguntas han sido resueltas,
surgen otras y se incrementa la complejidad de las cuestiones. En realidad,
el motor de la vida inteligente es ese: resolver las preguntas existentes y
plantearse otras nuevas, sin más razón para ello que el impulso de hacer
aquello que mejor se hace; en este caso, pensar.
Se podría decir que
Energía pura procedente de la disociación de
En medio de esa fase se encontraba el tierno Uro, cuando una tormenta afectó levemente algunas
instrucciones de modulación que se le estaban transfiriendo, lo que en
condiciones normales produce un error de lógica y tiene como consecuencia
inmediata la repetición del proceso, o incluso la desestructuración
del nódulo, pues el peligro de incoherencias futuras es alto y sus
consecuencias pueden ser muy graves... sin embargo una revisión cuidadosa de
su estructura después del accidente no permitió encontrar daños en la
modulación, por lo que se supuso que, a pesar de la descarga, la modulación
no había sido afectada; y así fue, pero con lo que no se contó fue con que la
descarga había producido la apertura de una conexión irregular que
multiplicaba la capacidad de proceso de Uro… aunque
dándole una tremenda fragilidad y que sólo se podría percibir en el proceso
de elaboración inteligente. Es decir, que Uro quedó
con una tara que le podría llevar a conclusiones impredecibles.; una puerta
abierta al genio o a la incongruencia.
Esta irregularidad del intelecto de Uro no tuvo consecuencias apreciables hasta el momento en
que él hizo saber a su entorno que necesitaría algo más para complementar lo
que le estaban contando; para animar la explicación... Hizo saber que esa
concienzuda transferencia de modulaciones en su estructura ¡le aburría!
Así pues, se impuso la conclusión de que Uro era un salto cualitativo importante para
La cuestión que se abrió no era, sin embargo, menor
¿qué instrumentos podía manejar Uro, compatibles
con su aún poco desarrollada madurez? ¿qué necesitaba para sus experimentos? Uro era el primer nódulo en manifestar estas necesidades,
por lo que
La solución la dio el propio Uro,
pues cuando percibió la decisión de apoyarle junto a la duda del cómo,
sencillamente pidió algo inútil de lo que nada se espera, pero en lo que se
pueden ensayar fenómenos improbables, más allá de la lógica y de la
seguridad, relaciones desequilibradas, lo monstruoso, lo sublime, lo extremo,
lo injustificado; pero sin efecto sobre la realidad... Uro
quería un juguete. Y como un joven caprichoso pidió el mejor. Pidió que se le
transmitiera la capacidad de manipular
Una versión básica de la disociación selectiva de
Uro, entre sesión y sesión de modulación de su
estructura, lo que podríamos llamar estudio, se dedicó a crear un juguete que
le debía permitir luchar contra el aburrimiento -desde su punto de vista- o
avanzar en su educación -según el punto de vista del conjunto de
Lo primero que Uro creó
fueron formas, masas; innovación importante en un Universo compuesto
sencillamente por energía, y en el cual no se había planteado la generación
de masa por considerarlo un elemento grosero... aunque dada la tendencia de Uro, pareció adecuado para la formación de un inmaduro.
Estas masas recién creadas estaban sacudidas por cantidades desproporcionadas
de energía. Uro, él mismo energía pura, no estaba
preparado para mayores sutilezas.
Definió también un espacio al que fue lanzando esas
masas convulsas, y se divirtió viéndolas ir y venir sin mayor sentido. Sin
embargo, pronto se aburrió de nuevo de tener que relanzar las masas él mismo
constantemente. Así que se inventó un mecanismo que gobernase su deambular en
función de ciertas fuerzas de atracción y repulsión, y así pudo dedicarse a
crear bolitas de todos los tamaños y colores sin tener que estarlas animando
él mismo permanentemente.
Aquel universo de masas que se desplazaban sirvió a
Uro de entretenimiento mientras metía nuevos
cuerpos en juego. Los veía moverse, chocar, fundirse y separarse mientras
depuraba el mecanismo de sus movimientos y su interacción... pero llegado a
un cierto punto, también esto le aburrió, y aunque su juguete de bolitas
multicolores y veloces le producía satisfacción y le había ayudado a
comprender ciertas cosas, fue relegándolo al olvido.
Hasta la siguiente fase de aburrimiento.
Entonces, Uro, que había
sentido alguna satisfacción nueva al crear su juguete fue estimulado por su
entorno para que se volviese a dedicar a él. Hay que recordar que Uro, como nódulo inserto en la red de la vida
inteligente, compartía con ella sus sensaciones y había creado la expectativa
de una nueva dimensión: el juego.
Así Uro fue estimulado a
jugar, lo que él hizo con mucho gusto al principio, perfeccionando el juguete
de las bolitas, haciéndolo explotar y rehaciéndolo después, con sucesivas
variaciones, pero al ser él ya un nódulo algo más maduro, y al tener el
juguete de las bolitas veloces casi perfeccionado, se planteó un juego nuevo,
más estimulante que llevar al otro a la perfección absoluta, y decidió
concentrarse en algunas bolitas.
Al azar, seleccionó las que le vino en gana y pensó
qué es lo que se podía hacer con ellas o en ellas. En ésas se dedicó a jugar
con los colores por el procedimiento de inventar mecanismos de organización
de la materia, que resultaron bastante similares a aquellos que había desarrollado
para que su juguete funcionase solo; en realidad los copió. Todo eran fuerzas
de atracción y repulsión que hacían que tanto lo más grande como lo más
pequeño funcionase solo, aunque con particularidades diversas en cada caso:
Las bolitas se organizaban en galaxias y sistemas, mientras que la materia lo
hacía en moléculas y átomos, aunque en todos los casos el origen no fuera más
que acumulaciones de energía, con mayor o menor densidad, procedente de la
disociación de
Por el procedimiento de meterse en los detalles de
la composición de las bolitas, consiguió jugar con los colores que éstas
emiten, pero también afectó a la velocidad con que se mueven, que es asimismo
dependiente de su densidad y de su masa, con lo que se le volvieron a chocar
unas con otras, empezándose a formar acumulaciones de materia de gran
densidad y capacidad de atracción, que hacían converger hacia ellas todas las
formas de masa y de energía de sus alrededores... ¡qué se le va a hacer!
Reflexionó Uro, holgazán para seguir buscando un
mecanismo más ajustado; por otro lado, tampoco estaba él persiguiendo la
perfección sino armándose un juguete a su capricho.
Por esta razón no le preocupó demasiado que la ley
de la organización interna de la materia tuviera notables incoherencias... a
fin de cuentas a él le divertía así.
Uro ensayó varias composiciones con sucesivas bolitas,
obteniendo interesantes juegos de colores producidos por la ebullición de las
diferentes materias creadas y jugó asimismo con la temperatura, induciendo
mecanismos de transformación de la energía en formas como el calor, que en su
mundo de limpia pureza conceptual, resultaban casi tan groseras como la
propia materia. De esta forma, indujo mecanismos para que las temperaturas de
los diferentes cuerpos se estabilizaran en aquellas que producían los efectos
que Uro deseaba, obteniendo un espectro variado y
divertido.
Pero también este juego le llegó a aburrir. No hay
que olvidar que, aunque inmaduro y a medio modular, Uro
era un nódulo inteligente, parte de la red de
Todavía le aburría el juguete por que a pesar de
los muchos mecanismo incluidos por él para que fuera autónomo, no lo era lo
suficiente, de manera que cada cambio, cada innovación, tenía que pensarla
él, la tenía que poner en marcha él mismo, y cuando él no estaba nada
cambiaba. No había sorpresas; el juego acababa parasitando su voluntad y su
energía.
Estimulado por esta reflexión, Uro
recreó en su imaginación la dinámica de evolución que había llevado a la
energía a organizarse dando lugar a
Cuando la innovación empezó a dar los primeros
resultados, Uro entendió que este juego iba a ser
mucho más interesante así, pues de pronto se le abrió un abanico de
dimensiones a su juego que ni él mismo podía evaluar. La primera idea que
había puesto en práctica fue transferir una minúscula parte de su propia
estructura de organización a ciertos elementos de la materia y dejarlos
evolucionar. Consiguió así pequeñas acumulaciones de materia poco complejas,
pero con voluntad de cambiar, con un egoísmo vital que le pareció interesante
y que dotó de una dinámica propia a esas creaciones. Si el juego de las
bolitas había sido apasionante con sus luces, colores y rápidos movimientos,
el de la vida inducida a la materia prometía serlo aún más, pues cada
agrupación de elementos de la materia era una posibilidad que se desarrollaba
por su cuenta, sorprendiendo a su creador y exhibiendo ante él toda clase de
mutaciones.
De esta manera, muchas de las bolitas se llenaron
de estructuras autónomas en las que la materia se organizaba, más de acuerdo
a variaciones generadas por su evolución que a las pautas inducidas por Uro.
Al principio, las formas de vida material que
aparecían en las bolitas tenían un aire común, que era la impronta de su
creador, pues Uro tenía sus limitaciones a la hora
de crear; lógicamente, ya que él partía de un universo de energía sin materia
ni formas, por lo que cada creación era un esfuerzo de fantasía. De aquellas,
unas agotaron los recursos a su disposición, otras murieron por efecto de la
contaminación que ellas mismas creaban, o se demostraron sencillamente
inviables en algún momento de su evolución. Desaparecieron, simplemente...
pero dejaron una herencia que marcó el camino.
El juego de Uro consistió
en observar como unas formas de vida material triunfaban en su medio y otras
fracasaban. No resistió la tentación de intervenir, de depurar o falsear
algunos de los mecanismos de la evolución, hasta que se encontró con un
juguete que funcionaba razonablemente bien, ofreciéndole nuevas creaciones y
diversas interacciones entre ellas en cada ocasión que él le dedicaba su
atención. Uro se divirtió mucho con este desarrollo
de su juguete, dotando a unas formas de vida de unas características y a
otras de otras. Imaginó formas y colores y fue descargando su juvenil
fantasía en una inmensidad de creaciones con capacidad de crecer y de buscar
espacios que colonizar... hasta que se empezaron a desorganizar, con lo que
según iba creando por un lado, se encontró con que le iban desapareciendo por
otro aquellas formas de vida que habían acumulado suficiente cantidad de
contradicciones como para hacerse inviables.
Esto, que significó una molestia para Uro, fue entendido como una confirmación de la validez
universal de las leyes de la renovación que aplicaba
¡Vaya contrariedad! Uro
deseaba un juguete autónomo pero dócil, que le proporcionase diversión y no
complicaciones.
Entonces se le ocurrió inducir en su universo de
juguete el mismo mecanismo que funcionaba en
Y así, Uro inventó un
mecanismo de caducidad de cada uno de los organismos que iba creando, de
manera que fueran capitalizando los cambios viables y que los errores o
vicios de evolución desaparecieran con los individuos que periódicamente se
desorganizaban, dispersando en su entorno sus elementos constituyentes, de
manera que pudieran ser utilizados de nuevo por los que se fueran creando,
acoplándolos a su estructura... también se le ocurrió provocar una
competición permanente por los residuos, de manera que todos los organismos
tuvieran que pelear por una cantidad escasa de elementos constitutivos, y
así, en vez de crecer sin límites y sin escaseces,
se vieran limitados e incluso amenazados unos por otros... juegos crueles,
sádicos, de una mente demasiado joven, finalmente, ya que la alternativa de
dotar a su universo de recursos sin límites estaba tan en su poder como la
otra.
Por este procedimiento se le animó el juego durante
otra fase de evolución apasionante, en la cual sus intervenciones fueron del
tipo de un escultor enloquecido, en la que cuando no tenía nada mejor a lo
que dedicar su intelecto, fue diseñando desde lo más simple; trabajo
minimalista en el que el reto era hacer un organismo con la menor cantidad
posible de elementos materiales. En otras ocasiones se divertía con el juego
de crear organismos barrocos, exageradamente complejos, en los que no
necesariamente todo tenía un sentido o un uso, más allá que el de su
diversión.
Como consecuencia de estas creaciones, se divirtió
observando como la evolución completaba lo insuficiente, daba sentido a los
aditamentos superfluos o simplemente los eliminaba en unas pocas
generaciones.
En este proceso se fue encontrando con que el medio
en el que sus criaturas se desarrollaban era determinante del mantenimiento o
desaparición de ciertas características y participaba en la mayor o menor
viabilidad de formas. Las que a él le fueron gustando más fueron las que
determinaron las manipulaciones del medio que Uro
fue introduciendo para hacer más viables sus preferidas aunque otras muchas
desaparecieran. Para ello fue ensayando diferentes configuraciones del
ambiente; unas veces cambiando el medio en la misma bolita, otras dejando
abandonado un sistema de organismos y medio ambiente en bolitas que siguieron
dando vueltas por el universo de su juguete, mientras él intentaba algo nuevo
en un sistema diferente; y en otras ocasiones manipulando las condiciones de
todo un sistema, de manera que lo que ocurriera en una bolita influyera en
otras cercanas, creando o haciendo posibles diferentes repartos de materia o
de energía que determinaban medios diversos.
Pero bueno; mientras los juegos de Uro no generasen en él mismo, y por extensión en la red,
conclusiones parasitarias o contradictorias, el joven podría seguir con su
experimento didáctico... y si algo falla, la solución es tan sencilla como
desorganizar al nódulo, salvar lo avanzado y comenzar de nuevo con otro
limpio.
Uro iba madurando; lentamente como es natural, pero
iba madurando, de manera que sus expectativas fueron desarrollándose siempre
un poco por delante de la complejidad que alcanzaba su juguete. Esto dio
lugar, primero, a una fase de desatención producida por el aburrimiento,
seguida de un nuevo impulso de complejización
originado por la presión de la red, para la cual estaba claro que el único
sentido de la vida inteligente es la búsqueda permanente.
La experiencia dice que los primeros nódulos se
fueron formando en la resolución de las cuestiones sencillas, pero que hubo
mutaciones que terminaron como interferencias luego de haberse satisfecho con
un bajo nivel de complejidad. Esa situación les privó del estímulo necesario
para ir depurando las conexiones internas, con lo que imperceptiblemente
empezaron a ser parasitadas por sistemas contradictorios, los que en uno u
otro momento les llevaban a la autodestrucción, dejando, sin embargo, restos
de estructura de lenta descomposición, de los que había que cuidarse mucho,
pues tenían una siempre latente capacidad de contaminación, especialmente en
los nódulos en formación, a los que llevaban al escepticismo y a la
holgazanería, considerados los mayores peligros para el desarrollo de
Uro padecía esa presión, por lo que se le exigió
desarrollar su juguete hasta hacerlo siempre un reto para su inteligencia
inmadura. Aquí hay que señalar que la red, en su conjunto, tampoco entendía
muy bien el sentido del juguete de Uro, razón por
la cual lo consideraron solamente útil
como un reto a la inteligencia y la comprensión.
La siguiente fase de complejización
del juguete que se le ocurrió a Uro fue agrupar
componentes y características intentando crear algo que no sólo creciera y se
multiplicara, sino que además tuviera como características definitorias la
armonía y la autonomía.
La fértil fantasía de Uro
empezó a diseñar ese esquema ideal, autónomo
y coherente, y fue ensayando formas y características que variaron de
un caso a otro, mientras el propio creador no estaba satisfecho con lo que
obtenía... pero, claro, tampoco tenía una idea perfectamente clara de lo que
buscaba, con lo que se encontró con que a pesar de movilizar recursos
ingentes, tanto intelectuales como de materia para construir pruebas y más
pruebas, no conseguía la armonía y la perfección, quizás porque él mismo no
terminaba de afinar el concepto de lo que buscaba, obteniendo toda clase de
aberraciones , la mayoría inviables.
Esta situación fue valorada muy negativamente por
la red, pues el juguete tenía que ser un reto educativo, pero no un generador
de frustraciones... y el experimento empezaba a ir por esa vía.
Por este motivo, Uro,
consciente de que se jugaba la razón de ser, decidió cambiar de estrategia y
concentrarse en algo sencillo al principio, que le produjera algún éxito.
Buscó dentro de su juguete un sistema en el que los
organismos creados hasta ese punto hubieran encontrado un cierto equilibrio
entre ellos y con su medio, de manera que no tuviera que ponerse él a afinar
un ambiente propicio. Buscó uno en el que la diversidad de organismos fuese
máxima y que además hubieran desarrollado formas que le parecieran
atractivas. Su mente inmadura se conformaba con simetrías, colorines y poco más, por lo que no le fue difícil
encontrar un sistema que le agradara como lugar de ensayo, y sobre el que
decidió concentrarse, aplicando todo lo que había avanzado hasta ese punto en
la creación del primer organismo autónomo.
Probó con criaturas de un tamaño irrelevante en
cuanto a las leyes del movimiento de las bolitas y aplicó todo lo que ya
había resuelto en cuanto a movilidad, alimentación y reproducción, dejando
armada una pequeña cantidad de conceptos de criatura listos para que fueran
depurándose y dándole más pistas... y ya sí empezó a vislumbrar el éxito y a
divertirse, para tranquilidad de
El juego, a partir de ese punto, consistió en
dedicarse a las criaturas, una por una, poniéndoles toda clase de adminículos
como colas, plumas, glándulas odoríferas, electricidad... ¡una auténtica
vorágine creativa!
Uro era muy sensible a los colores y a las formas, así
pues, en su creación no buscaba tanto la armonía y la pureza, como haría un
ser más maduro, sino la abigarrada diversidad; y lo hacía con el normal
comportamiento caprichoso de un niño que juega. Por esta razón, el juguete
fue siendo cuidadosamente elaborado sólo en algunos casos, en los que Uro se esmeraba buscando la perfecta adecuación al medio
de manera que el desarrollo de unas formas fuese perfectamente compatible con
las otras sin que hubiera interferencias dañinas entre ellas; pero en la
mayoría de los casos, la creación o el mantenimiento de unas formas de vida
la hizo Uro sin considerar ese equilibrio, de
manera que aquellas que habían sido creadas con menos cuidado acababan disputando
con otras su medio, incluso viéndose obligadas a destruir a otras para poder
evolucionar. De esta manera, el juguete se fue llenando poco a poco de
pillaje y de violencia.
Esta fórmula, sin embargo, le funcionó bien a Uro, pues le permitió holgazanear mientras el resto de la
vida inteligente estaba convencida de que él estaba inmerso en una fecunda
actividad creativa. En realidad, el invento era bueno para los fines
individuales e inmediatos de Uro, pero el
sentimiento de dolor, miedo y competitividad cruel que emanaba del juguete
tardó poco en ser percibido por la red como algo profundamente negativo. De
alguna manera
Esta percepción se difundió con lentitud a lo largo
de esa red pensante que aloja
Al expandirse por
Lógicamente, el evento esperable, asociado a la
eliminación del juguete, sería destruir la estructura del joven nódulo, cargado
precozmente de contradicciones y vicios inducidos por un intento fallido,
pero que quizás había desarrollado alguna conclusión o pauta recuperable.
Este es el procedimiento natural sobre el cual la vida inteligente basa su
desarrollo y sana supervivencia, sin que nunca, nódulo alguno haya “sentido”
que su desaparición sea una pérdida. En la vida inteligente, el individuo no
existe, sino como particularidad momentánea del Todo, que retorna nuevamente
al cuerpo común al eliminarse la estructura energética que lo sustentó, pero
conservándose como idea acumulada al conjunto, como un enriquecimiento de
éste.
Sin embargo, Uro debió
haber sufrido una grave contaminación por parte de su juguete; más grave de
lo que la vida inteligente era capaz de percibir. Tan grave fue la
contaminación que Uro adoptó alguno de los
comportamientos de los organismos de su juguete. El más peligroso, y el que
desencadenó la catástrofe fue el sentirse individuo, creerse importante por
sí mismo, irrepetible, insustituible... y por tanto reaccionar a la amenaza
de desaparición con una estrategia de supervivencia, aún en contra de la
lógica de
El joven nódulo había dedicado mucho esfuerzo al
diseño, en su juguete, de pautas de conducta y comportamientos de
supervivencia agresivos y rapaces. Había inducido violencia entre unos y
otros organismos, había previsto que el desarrollo de unos pasara por la
destrucción de otros. De esta manera todos tenían que temer a todos, tenían
que saber vencer a aquellos que eran su comida o que defenderse de los otros,
a los que alimentarían si lo permitían. Realmente se había especializado en
relaciones agresivas, y su reacción fue en esa línea.
Uro se sabía inmaduro, muy débil aún en el ámbito del
pensamiento y del manejo de la inteligencia global, pero percibió que su
juguete podría ser su aliado, su baza de triunfo en esa locura de afán de
supervivencia que le habían contagiado sus criaturas de juguete y que había
imaginado él mismo. Su juguete se convirtió en su arma.
Para cumplir el fin estratégico de esa lucha por la
supervivencia, Uro se acercó a su juego con una
nueva seriedad; ya no se trataba de divertirse, sino de blindarse, y para eso
ya no le servían los múltiples organismos grandes y pequeños, coloridos,
largos, gordos, etc... ahora necesitaba dos cosas:
hacer irreversible la disociación de
Para conseguir lo primero, Uro
se dedicó, con una meticulosidad que él nunca había aplicado antes a su
juguete, a generar complejidades y nuevas asociaciones materiales, de manera
que los pares de materia-antimateria estuvieran tan presos en sus
correspondientes estructuras y tan dispersos que resultase imposible recrear
la nada identificando y reuniendo cada par que se anularía a sí mismo. Esto
lo hizo olvidando voluntariamente el cómo, de manera que ni él mismo pudiera
deshacer el universo físico que había creado, ni aunque llegase a desearlo o
si pudiera ser convencido u obligado a ello... bueno, si no consiguió hacer
indestructible su juguete, al menos sí garantizó que costaría un trabajo
ímprobo y mucho tiempo; suficiente como para que él pudiera desarrollar una
nueva estrategia. Eso ya se vería en su momento.
El plan era bueno, pero rápidamente comprendió Uro que a su juguete le faltaba capacidad de almacenaje y
de procesamiento, ya que la suma de la capacidad pensante de todas las
criaturas que había creado, incluso con la transferencia de sus propios
esquemas, era ridículamente pequeña en comparación con la suya propia, con lo
que no podría transferir su ser a un contenedor tan manifiestamente
insuficiente. Así pues, se apresuró a crear un nuevo tipo de organismo más
complejo, sobre el que poder descargar la inmensidad de su estructura
pensante.
La vida inteligente no había tenido previamente
experiencias de maldad, por lo que observó curiosa los nuevos “juegos” de Uro, valorando si éste había llegado al punto en que los
parásitos lógicos serían lo suficientemente graves como para aconsejar su
desactivación, pero fascinada, por otro lado, por el caudal de nuevas
experiencias que este joven nódulo estaba proporcionando a
Así las cosas, el flujo de modulaciones que emanaba
del juguete de Uro, masivo en esa fase de la
creación de su estrategia de supervivencia, cubría con el alegre sentimiento
de la generación minuciosa y apasionada de nuevas formas, aquel otro,
maligno, de la lucha y la violencia, que ya había sido identificado
previamente, y que aún matizaba el conjunto, pero sin llegar a disparar las
alarmas de la vida inteligente, que tardaba en codificar y analizar todo lo
que procedía de aquel entorno.
Ese desconcierto de
Cuando la vida inteligente percibió por primera vez
el sentimiento de animadversión por parte del entorno de Uro,
sufrió una especie de choque, pues aunque en las experiencias de
El impacto sacudió la totalidad de
En todo caso,
La otra conclusión que afloró luego de la intensa
actividad pensante de
Más allá; si
Una vez llegada a estas conclusiones,
Pero no había salido todo como Uro
pretendía: la capacidad de almacenaje del
juguete se había quedado corta y la transferencia de la modulación que
definía a Uro , antes de su propia desaparición,
había sido incompleta, con lo que se podría decir que Uro,
a pesar de sus esfuerzos, había muerto dejando tras de sí una caricatura
absolutamente inoperante, pero con ciertos delirios que eran permanentemente
mal entendidos por sus criaturas.
De esta manera, el juguete quedó en la más absoluta
soledad, abandonado en su decadencia por la inmensa capacidad pensante que lo
había creado. Un universo de innumerables bolitas, algunas de las cuales
había poblado Uro con su última criatura antes de
ser destruido, pero incompleto, sin embargo, ya que muchas bolitas habían
desaparecido en la última fase activa de la vida inteligente... y muchas más
iban desapareciendo lentamente, pues
Lo que queda, sigue poblado por múltiples
organismos diversos e inútiles, que sin embargo se afanan por reproducirse,
animados por la locura de la pervivencia y dispuestos a sacrificar a ella
todo lo que encuentren a su alrededor, incluso a otras criaturas... incluso a
sí mismos.
En alguna de esas bolitas queda un rastro de lo que
hubiera podido ser una inteligencia.
Este rastro son las pocas modulaciones que Uro consiguió transferir a algunos organismos bastante
imperfectos físicamente, aunque viables, antes de desaparecer él mismo en la
recreación de
Uro no había tenido la oportunidad de transferir más
que una mínima parte de su capacidad pensante, repartiéndola entre los muchos
seres que había creado: desde lo que los humanos llaman célula, hasta ellos
mismos, el ser más complejo que alcanzó a crear Uro,
que acumula en grado máximo los errores de su creación y de su locura, y que
cree, idiota de él, que cada uno es un fenómeno único e irrepetible, orgullo
de un creador sublime... en lugar de lo que realmente es: la pifia máxima de
un inmaduro que cayó en la locura y en la maldad mientras jugaba a desordenar
Autor:
Ramón Tejeiro (Madrid) |
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Cigarrillo
con antojo (relato breve) |
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CIGARRILLO CON
ANTOJO Todo empezó cuando dijo adiós.
Sí, tan tajante y rotunda fue que hasta mi sombra se sobresaltó. En el muy granadino Paseo de los Tristes fue donde sus labios plegaron las velas y cambiaron de rumbo, dejando sin suministro a la central eléctrica que ya había nacido en mis venas. Sin ningún rubor admito mi equivocación. Lo que pretendía ser una diversión pasajera para mí acabó en un juego letal donde las reglas las administraba el antojo de su sonrisa. Ya me avisó el camarero de La Carbonería: “chaval, ten cuidado con ella. Torres más altas han sucumbido a sus pies. Y a ti no te veo con freno de socorro.” Ni me acerqué ni me cercó. Ni la miré ni me nombró. Ni la invité a una copa ni me encendió un cigarrillo. Pero ya no nos separamos hasta que todo empezó.
Mis deseos se atrincheraron en su cintura con la primera desesperada canción que la atmósfera de la noche me sirvió en bandeja de hojalata. Ella, que se reía de todos los guiños que yo improvisaba a cada momento, supo llevarme por los vericuetos de sus curvas intransigentes. Como un pardillo en su primera cita con un burdel, fui arrastrado por sus caprichosos deseos. Lo que tú digas, lo que tú quieras, pero no pares de besarme, le decía a cada trago de whisky. Tejió su red con una pericia escrupulosa, trucos de barra con tercera intención y marcha atrás. Y para colmo de mi fragilidad a esas horas tan pardas, con cada baile de sus caderas una cicatriz de locura germinaba en la esencia de mi alma y un camarote de vida abría sus puertas en el transatlántico de mis patochadas.
Y así fui engullido poco a poco por su lección magistral. Déjate llevar, apostilló al abandonar el local desde su privilegiada posición antes de quitarse la máscara del azar, y no seas tan travieso como yo, esto es solo un juego y hoy te ha tocado perder, seguro que mañana será mejor. Y dijo adiós, justo después de reclamarle lo que jamás había pedido antes a un encuentro accidental de la noche. De juguete erótico a videojuego insensible. Y ahí empezó todo. Eso que suele ocurrirnos cada cierto tiempo pero que no lo confesamos ni en la extremaunción, pequeños despistes que nos hacen ser cada vez más escépticos con la marejada de las copas y las risas. Pero no sé de qué me quejo, si yo también quise hacerle lo mismo.
Autor:
Antonio Carreño (Almería) |
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Marina
(Relato breve) |
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MARINA Descendió de la nave, vestía un
mameluco naranja , era rubio, alto, con unos impresionantes ojos azules
, se veía como cualquier hombre humano. Estaba paralizada, como hipnotizada
siguiendo sus movimientos. Tan pronto se cerro la puerta de la nave el coloco
lo que parecía ser un dispositivo e hizo que la nave se transformara en algo
poco mas grande que una billetera, la que guardo en uno de los
compartimientos de su mameluco. Fue entonces cuando se dio cuenta de mi
presencia y que yo había observado todo. Quise correr pero me dijo que no
tenia que tener miedo, que era un visitante de venus
y que su misión era aprender sobre nuestra especie . Le pregunte
si el hablaba nuestro idioma , dijo que estaba comunicándose conmigo por
telepatía , que le hablara ya que el aprendería con mucha rapidez. Por alguna
extraña razón el miedo anterior había desaparecido. De regreso a casa le
hable sobre la hacienda donde nos encontrábamos, sobre los caballos , mi
familia, y todo lo preguntaba aun por telepatía. Preocupada
pensé en como reaccionarían mis padres al ver que llegaba con un
desconocido y no solo eso, un hombre de venus.
Antes que formulara la pregunta el me dijo que no me preocupara que no habría
problema con mi familia pero que tenia que guardar silencio sobre su
identidad . Por alguna extraña razón creí en lo que decía, quizás por
la tranquilidad y seguridad que mostraba . Para cuando llegamos a casa el
ya podía comunicarse en nuestro idioma y el encuentro con mi padre fue tranquilo . Siendo
un forastero, y tras la larga conversación luego de la cena mis
padres lo invitaron a que se quedara unos días en casa .
Luego de una pausa en que me
miro con fijeza, acepto llevarme. Me dijo que no tenia tiempo para despedirme
, ni dar explicaciones, ya que el momento era justo para que la nave entrara
sobre lo que entendí era un circuito, una especie de caminos
trazados en el espacio por donde viajan las naves, haciendo que el
tiempo de traslado sea casi nulo, y no de la manera que nosotros
irrumpimos y salimos de la tierra cuando las naves terrestres visitan la luna
y salen al espacio.
Autor: Patricia Franco (Perú)
Patricia
compagina su afición por la literatura con su pasión por la pintura. Aquí les
ofrecemos una muestra de su trabajo.
Pueden ver otras obras en la dirección www.star.com.pe/visiondemujer |
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Escrito
26 (sobre los ángeles) |
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ESCRITO 26 La inteligencia, algunas veces,
es confundida con divinidad. El buen aprendizaje, jamás será
olvidado cuando preguntado sea. Yeshua, fue buen aprendiz, antes de maestro. Fue buen maestro, al momento de
enseñar y con gran paciencia explicación otorgaba, al que con dudas acercaba
a él. Yeshua, estudió las almas y les aprendió a entender. Aprendió y estudio las religiones
manifestadas en toda forma, observó las estrellas, controló y entendió el comportamiento
de los mares y ríos. Distinguió y
estudio a los animales, pero sobre todo, aprendió en este mundo terrenal, a
entender al mismo hombre, especie de gran complejidad, pero entendida y
estudiada fue. Del hombre estudio su vida, sus
preocupaciones, su interior, su felicidad, su mente, esta última, siendo la
más débil en aquellos tiempos, y por increíble que parezca, en los actuales
de igual forma es. Todos preguntan que
característica física única, tenia el Ángel Supremo, aunque la respuesta en
su mirada su gran sonrisa esté frente
a ellos. Otros preguntan, el que hubiera
sido del Ángel Supremo, si no hubiera muerto, cuando la respuesta esta en ellos. Yeshua, tenía una mirada única, mirada tan lleva de amor, penetrante e
intimidante, atado aquel que la miraba por primera vez, pero que al mismo
tiempo, cobijaba en su interior. Observador de vida, bien
entendida, bello como nunca ha visto e inteligente nato. Belleza imponente para un hombre
alto, con físico común, deslumbrante para todo aquel que a distancia
encontraba. Tierno como un niño, amoroso
como el mismo. Cuantos errores cometió por
aprendizaje, errores únicos, errores sin daño, errores sin consecuencias. Errores comunes, que enseñaron a
aquel Ángel Supremo. Errores que enseñaron la
importancia del perdón. Errores como hombre, tus errores
son de él. Dichosos los que entiendan. En aquellas 2 pequeñas
embarcaciones, en las cuales los 12 y Yeshua cruzaban aquel río inmenso, al atardecer, la
vivencia de observación e inteligencia, así como de enseñanza a la vista más
grande estaba a punto de suceder. Yeshua, con su humor de costumbre dijo “La mirada del ciego, tiene más
alcance que la del sabio.” Pedro sonriendo contestó. “Pero el sabio buen entender
tiene, maestro” Yeshua, miró a Pedro a los ojos y con una sonrisa larga, le dijo. “Cuanto ven tus ojos” Pedro bajando la mirada y
sonriendo, contestó. “Ven lo que todos ven, y ven
poco amigo” Yeshua, volteando a ver a Judas, le preguntó. “Cuanto ven tus ojos amigo” Judas contestó. “Poco maestro” Yeshua alzando la voz, dijo con voz intencionada. “Hoy hay frío, hay hielo en los
mares, hay temor por una tormente”. Lucas el cual en la otra
embarcación encontraba, dijo. “Contigo no hay frío, ni hay
hielo en los mares, mucho menos temor, estando a tu lado Jesús.” Mateo, el cual en la pequeña
barca de Lucas iba, agregó. “Cuanto ven tus ojos Jesús” Yeshua,, con sonrisa de niño, habló. “Veo, mas allá de lo que los
ojos de todos ustedes ven” “Veo que venimos en un barca en
el agua, para no caer y mojarnos.” “Veo que hay temor de todos a la
nada.” Yeshua, al terminó de estas palabras, agregó con seriedad. “Remen para el centro, remen,
para la mitad del agua.” Pedro contesto a su petición. “No se le ve centro al agua,
aparte es peligroso maestro.” Judas tomo aquel remo y
obedeciendo a su amigo, y comenso a remar con
Tomas, siendo imitados por el resto de sus hermanos. Al estar las 2 embarcaciones en
el centro de aquellas aguas heladas, Yeshua levanto
sutilmente, y mirando a todos dijo. “Sus ojos verán lo que quieren
ver”. Después de estas palabras,
lentamente saco una pierna de aquella embarcación, para después poco a poco,
sacar la otra pierna restante. Ante las miradas de sorpresa,
así como de maravilla de sus elegidos, lentamente comenzó a caminar en las
aguas. Lentamente, sin temor, sin
dudas, daba paso a paso, hasta llegar
a Pedro, sin dar mención alguna a
sus ojos, dijo. “Maestro, caminas en las aguas” Juan el menor de todos, hinco en
la barca y bajaba su mirada. Tomas gritaba. “Maestro, cuidado.” Yeshua, en ese momento, era una silueta borrosa encima de las aguas,
gracias a la poca luz del atardecer, que igual que sus pisadas, poco a poco
desaparecía. Judas gritó. “Rememos hacia él.” Yeshua al oír a Judas gritó. “Aquel que quiera venir a mí,
que lo haga caminando sobre esta agua, que siga mis pasos” Pedro, el mayor, levanto de la
barca, y sin mirar, salió solo para hundirse en aquellas aguas. Pablo su hermano, junto con
Judas, estiraron sus brazos, para ayudarlo a salir Yeshua, volvió a repetir. “Quien quiera venir a mí, que lo
haga caminando, siguiendo mis pisadas.” Judas, levanto y salió de la
barca, para errar de la misma forma en que pedro lo había hecho. Tomas gritó a Yeshua. “Jesús, yo no se nadar” Los nervios, la angustia, así
como la preocupación por aquel reto hecho por Yeshua,
no detenia por parte de los elegidos. Nervios, nervios, miradas de
unos a otros, miradas a Yeshua, mirada al agua,
mirada a los cielos. Yeshua, repitió por tercera vez, “Quien quiera venir a mí, que lo
haga caminando, siguiendo mis pisadas, “ “Pedro con desesperación dijo. “Maestro no podemos, no somos
como tú” Yeshua, habló, caminando de nueva cuenta a la barca “¿Dónde esta su fe?, ¿Dónde
están sus ojos?, ¿Dónde esta su
búsqueda?” Tomando de nueva cuenta su
lugar, en la barca dijo a todos sonriendo. “No os sientan mal, por no ver y
entender bien aún.” “Mas diré una cosa, no todo es
milagro, no engañen a sus ojos con algo que cualquiera puede ver y hacer”. Pedro apenado le contesto. “Perdón maestro, explícanos bien.” Yeshua, habló con una sonrisa. “Yo les dije al que quisiera ir
a mí, lo hiciera caminando y siguiendo mis pisadas.” “Pero todos por la impresión no
buscaron ni vieron mas allá de lo que
sus ojos veían.” “Bajaron de la barca en otro
lugar donde yo no pise y cayeron donde cualquiera hubiera caído” “Más sin en cambio, diré que
hice algo normal, solo vi donde “ Judas sorprendido le dijo, “Entonces no puedes caminar en
las aguas “ Yeshua le contestó. “Lo haría si mi padre y la
ocasión lo pidiera, no por hacerlo” Pedro volvió a preguntar “entonces, ¿si caminaste sobre
las aguas? Yeshua sonriendo dijo a todos. “Si vieran más allá de lo
normal, hubieran visto las piedras y las aguas congeladas del centro”. “Si hubieran mirado mis pisadas,
hubieran visto donde pisé, y todos detrás de mí estarían, fuera de la barca” Dichosos los que entiendan.
Autor: Israel de
Ramos (Méjico)
http://groups.msn.com/vozdeangeles |
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El
llanto del diablo (relato breve) |
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EL LLANTO DEL
DIABLO Le vi
al fondo de bar, en la zona más oscura y humeante del local. Sus ojos mostraban el brillo y
la fatiga de semanas de llanto. Me confesó que no podía continuar
con nuestro particular duelo, pues sin esperarlo se había visto atrapado en
una pasión humana. Ocurrió cuando trataba de
hacerse con el alma de una joven esposa, aprovechando la ruptura de ésta y su
amante. Suponía que, como de costumbre, la despechada no dudaría en ofrecer
cuanto le pidiesen a cambio del regreso de su secreta pasión. Él dijo a la joven: - Pídeme lo que quieras y te será concedido
al instante – Ella reflexionó unos segundos, esbozo una malévola sonrisa, y desabrochándose la camisa contestó: - Ámame con toda la lujuria de que eres capaz. Después del sublime encuentro, ella le beso la frente mientras le pedía que la olvidará. Desde entonces él no encuentra consuelo, pues no posee un alma que vender.
***
Yo no podía hacer ya
nada por él, le he invitado a unas copas y me he despedido aceptando una
tregua.
Autor: José Carlos González (Venezuela)
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Relatos anteriores (4) |
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