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LITERATURA PARA TODOS
(Acceso y difusión gratuita)

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 Relatos anteriores (1)


 
LITERATURA PARA TODOS
(Acceso y difusión gratuita)

Santos Lula (relato breve).

Pedro Díaz (Seudonimo)

Valencia

 

 

 

 Esperanzas (relato breve).

Jorge Maqueda Merchan

Badajoz

 

 

 

Visitante nocturna (relato breve)

Víctor Rodríguez

Madrid

 

 

 

A la memoria de un alumno  (r.b.)   

Manuel Trigo Nogales

Madrid

 

 

 

Escrito 25 (sobre los ángeles) 

Israel de Ramos

Méjico

 

 

 

Sombras del pasado (relato breve)

Ramón Cruz (seudonimo)

Perú

 

 

 

Standby (relato breve) 

Adolfo Ruiz

Almería

 

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Santos Lula (relato breve)

 

 

 

SANTOS LULA

 

 

Su rostro, de absoluta inexpresividad, parecía tallado a cincel.

 

Nadie recordaba haberle visto esbozar una sonrisa. Ni tan siquiera simplemente una mueca o un leve pestañear.

 

Quienes le rendían tributo por la impuesta protección de sus negocios, decían percibir la presencia de la muerte cuando él se les aproximaba.

 

Su decena de guardaespaldas personales, como una guardia pretoriana, veían en él a su único Dios.

 

Él fue un niño de la calle, uno de esos que escapó a la asfixia de las favelas, en busca de forjar su propio destino, pero que en contadas ocasiones alcanzan la madurez.

 

Cuentan que una vez, hacía ya varios años, un niño de la calle, pelirrojo y de aspecto débil, aprovechando un descuido de la escolta, logró llegar hasta él. El niño extendió su mano temblorosa mientras le decía –por favor,  déme algo que me ayude a sobrevivir-.  Tras unos segundos en que las miradas de uno y otro se cruzaron, sonó una estruendosa bofetada.

 

En Santos jamás se ha apreciado un atisbo de humanidad, muy al contrario. El sabe que ahí radica su poder, y por ello le temen y respetan.

   

Hace sólo unos días, cuando,  como de costumbre, daba un paseo por las decadentes avenidas de los varios pobres, la limusina se detuvo en un semáforo y dos jóvenes limpia cristales se acercaron al auto. Al bajar el chofer la ventanilla, para decirles que no se atrevieran a tocar el automóvil, uno de ellos sacó de entre los sucios trapos un viejo revólver casi oxidado.

 

Aun habiendo recibido todo el contenido del cargador, un último soplo de vida  permitió que Santos pudiese apreciar, bajo el rudimentario tinte, los rojos cabellos de uno de los chicos. Y comprendió que todo había resultado como él quería y esperaba. Aquel joven recibió, siendo niño, lo que necesitaba para sobrevivir, su única esperanza en el mundo que esta puta sociedad le había impuesto.

 

Santos sabía que aquella bofetada fue en verdad el único gesto de humanidad que había tenido a lo largo de toda su vida.

 

Antes de que expirara, él y el chico cruzaron durante unos momentos la mirada. Santos sonrió mientras le decía- No me equivoqué, Dios, no me equivoqué-, en tanto que el joven, perplejo y nervioso, huyó a toda prisa.

 

Santos cumplió su objetivo de no perdurar en exceso y  fue enterrado con la mueca de una sonrisa en el rostro, para sorpresa de quienes acudieron al velatorio. 

 

Autor: Pedro Díaz (Seudónimo) Valencia

 

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Esperanzas (relato breve)

 

 

 

Esperanzas

 

 

 

           -<La vida, consiste en lo que un hombre piensa todo el día. > -. Me dijo  en una ocasión mi padre, parafraseando, como en tantas otras ocasiones a Emerson; sorprendiéndome, mientras  me encontraba  recostado en el sofá - con la radio baja para no molestarle - y leyendo ensimismado, el Centinela,  de Arthur C. Clark. Su voz era grave, estaba un tanto malhumorado; supongo que al comprobar que en lugar de estar estudiando, me encontraba en otro mundo, un mundo al que él ya no podía llegar. Que lejos de madurar, parecía seguir pensando como un crío, leyendo libros de fantasía –como él los llamaba – dejándome transportar por la imaginación. Pero, curiosamente el libro no era mío, este era suyo; yo solo lo había cogido de lo alto de una  estantería, la de su colección particular. 

 

       -< Nunca te convertirías en un adulto,  si no dejas de un lado todas esas novelas estúpidas, y lees algo de mas provecho.> - me dijo, momentos antes de sentarse a mi lado.

         Yo no entendía el porqué de aquel sermón a destiempo. La edad supongo, demasiado joven para darme cuenta de muchas cosas. Pero no era menos cierto que hacia tiempo que observaba a mi padre demasiado serio, descontento, como atormentado por ocultos pensamientos.

 

       -< Escúchame con atención >- me dijo entonces, echando su brazo por encima de mi hombro, momentos antes de comenzar, lo que temía, fuese un interminable sermón -. < Soñar, es muy distinto a fantasear>-comenzó diciendo. <Las fantasías son propias de niños y de personas inmaduras. Personas sin capacidad para crear en sus mentes algo tangible, algo constructivo,  a partir de un pensamiento o unas ideas. Personas fácilmente impresionables, que a menudo se distraen y entretienen con cualquier cosa; hombres y mujeres sin ninguna meta clara en esta vida. Personas  que casi siempre andan en Babia, dilapidando el tiempo. Ese maravilloso tiempo que se nos presta, tan escaso y limitado en la tierra>.

 

        Mi padre Entonces, cogió el libro que yo tenia entre las manos y después de cerrarlo y dejarlo  sobre la mesa, prosiguió su charla diciéndome que pronto dejaría  de ser un crío; que debía dejar de comportarme como un niño; que pronto me haría mayor, que me convertiría en un hombre hecho y derecho, y estos no andan con pájaros en la cabeza.  También me dijo, que  nada de malo había en soñar; en querer ser algo en esta vida, siempre que lo hiciese con los pies sobre la tierra, pues  un buen sonador, era aquel hombre que hacia de su sueño un objetivo en la vida. Un hombre, que por medio del trabajo y del esfuerzo convertía una simple idea, en realidad; y  para hacer realidad los sueños había que estudiar mucho, luchar y batallar mas que nadie. Me puso la mano en la cabeza, y en un tono alicaído, me advirtió,  que pocos eran quienes, con no poco esfuerzo lograban alcanzar tan difícil propósito, <más numerosos son los vencidos, humillados por sus propias fantasías> - añadió. Yo lo mire entonces a los ojos y pude ver claramente que sabia muy bien de lo que me estaba hablando. Por desgracia ese  tipo de  derrota, él ya la conocía.  Me hablaba de si mismo, de su derrota. Pero,  mentiría, sino les dijese, que yo desde hacia tiempo ya mantenía un objetivo, un objetivo fijo que maduraría y concretaría con la edad. Y,  mentiría también si les dijese que a finales del 2005 le tendría que dar  la razón a mi padre ya muero y enterrado, Siendo uno mas de tantos millones de fracasados.

 

          Hoy sigo leyendo a Clack, y a Asimov y a muchos otros, ¿por que no?. Que de malo hay en ello. En dejarse arrastrar por la imaginación, en verse convertido en un héroe de vez en cuando. En sentirse  viajando por lejanas y peligrosas tierras; visitando sangrantes y fracturadas laderas, febriles y humeantes chimeneas cercanas al cráter estruendoso de algún enorme volcán; volcanes a los que podemos acercarnos viendo derramar sus incandescentes ríos de lava, sobre el efervescente e irritado mar;  observado el avance de tormentas de roca piro plástica, torrentes de detritos que pasan a nuestro lado, sin que seamos  víctimas de su abrasador abrazo; sintiéndonos al margen  de los riesgos y peligros, que supondría intentar hacer todo ello  en la realidad?. O, mejor aun ¿ Quién no ha imaginado, aunque sea por nos breves momentos,  pasear por esos lugares paradisíacos; lugares repletos de jovencitas en bikini - ¡vamos no se rían! –, jovencitas jugando a Bolei-playa, en TOP lees; mostrando sus firmes muslos y  empitonados pechos bronceados bajo el  sol; un sol reflejado en playas de arena blanca y fresca, formadas por estratos de coral  y exentas de los molestos y sedientos  mosquitos, que atormentan las noches templadas de los que pretenden descansar? ¿Y, qué me dicen de los más atrevidos?. Aquellos amantes de la  ciencia-ficción,  transportados, cuanto menos imaginándose: como uno de aquellos primeros astronautas descritos por Arthur C. Clark (1); caminando sobre la superficie de una luna distante y misteriosa. Una luna gris y desconocida, de llanuras sinuosas y  polvorientas; salpicada de cráteres profundos y oscuros, semejantes a  enormes bocas abiertas. Esperando encontrar en esta el rastro oculto y olvidado por alguna remota civilización; una civilización desaparecida en la inquietante inmensidad del tiempo y el espacio.

 

     Si, hoy sigo leyendo ciencia ficción,  y si ello no parece propio de una persona de mi edad, no me importa. Menos aun lo que los demás puedan pensar. Pero, sobre todo, solo pido una cosa. Que me dejen leer en paz.

 

 Autor: Jorge Maqueda Merchán  (Badajoz)

 

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Visitante nocturna (relato breve)

 

 

 

 

 

 .

 VISITANTE NOCTURNA

 

¡Pi, pi, pi, pi! ¡Pi, pi, pi, pi! Otra vez el despertador. Mi entrepierna atestigua que esta noche tampoco te has olvidado de visitarme. Siempre vienes y me traes la felicidad, pero el despertador se empeña cada mañana en masacrarme el corazón. Despierto, soy consciente de mi desgracia, de mi soledad, de mi terrible peculiaridad. En cambio, en cuanto cierro los ojos, tú vienes a visitarme, como si hubieras permanecido bajo la almohada durante el día para sorprenderme durante la noche. ¿Por qué vienes y te vas? Te pregunto y miras sombría hacia abajo, callas como si no pudieras hacer nada al respecto. ¿Por qué te escondes durante el día? ¿Por qué haces esto conmigo?

 

Este es otro día como el de ayer, como el de mañana. Pasa la vida y los libros ya no son suficientes. Tampoco quiero distracciones, ya no me sacian, quiero el trozo de vida que me falta. El mundo no nos permite ser felices, pero la vida contigo sería otra cosa. Sé que me faltas tú. Me faltan tus palabras, tus ideas, tu energía, tu risa, tus besos, tus abrazos… A cada rato rememoro esos minutos, esa eternidad durante la que recorro alterado todo tu cuerpo. Con mis manos, con mi boca. Entonces nuestros ligeros cuerpos son uno y nuestros espíritus conocen el éxtasis. Sí, contigo siento que vivo y que muero al mismo tiempo, sí, es en esos momentos cuando agarro el placer y lo devoro sin piedad, sin respiro.

 

¿Por qué no llamas a mi puerta? ¿Por qué no apareces bajo mi ventana? ¿Por qué sólo apareces en mis sueños? ¿Acaso sólo juegas conmigo? Necesito conocer tu naturaleza para anunciársela al mundo. Sé que no eres mujer porque en el mundo de la vigilia no hay mujeres como tú. No creo que alguien haya sentido lo que he sentido yo cuando estás conmigo. Cuando te recuerdo, me acelero, respiro a toda velocidad, siento el corazón revolverse en el pecho. Entonces deseo volver a estar entre las sábanas, volver a contemplar tu onírica figura, volver a sentirte conmigo, bajo mi protección.

 

La luz entra por la ventana y me recuerda que, como todos los días, he de afrontar este mundo adverso y hostil, absurdo e infame, vacío e hipócrita. ¿Por qué todas están tan lejos de ti? ¿Por qué todos están tan lejos de mí? ¿Estoy condenado a la soledad y a la repugnancia? ¿A la contemplación y al recuerdo de ti? No puedo escapar de esta cárcel sin barrotes y sólo tú tienes la llave. Cada vez aguanto peor el paso de las horas del día y transcurren más rápido las horas de la noche. No puedo más.

 

Si supiera dónde encontrarte… ¿Dónde encontrar a alguien como tú? No me conformaré con la nada, no me conformaré con lamentarme. Te encontraré, algún día, pero te encontraré. Averiguaré dónde te escondes y pasaremos el resto de nuestros días juntos. Otra vida es posible contigo. Quizá no seas humana, quizá no seas de este tiempo, pero a mí eso me da igual. No hay palabras para describirte, eres la sublimación de la perfección, eres la culminación de todas las ansias, eres lo que necesito. Ven ahora, por favor, ven; dime lo que me decías esta noche, dime lo que me decías ayer, dime lo que me decías la semana pasada… Yo siento eso y mucho más. Algo inefable. Colmaré todos tus deseos y te acompañaré frente a todos los peligros. Te espero, te espero impaciente. Hoy ya no puedo esperar a la noche. Anhelo todo lo que eres, comparto todo lo que sientes. Te quiero.

 

 

Autor: Víctor Rodríguez (España)
 

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 A la memoria de un alumno (relato breve)

 

 

 

A LA MEMORIA DE UN ALUMNO

  

Capítulo 1 El alumno.

 

–Creo que eres un egoísta; sólo miras por ti mismo. ¿No te parece que vas por el mal camino? Deberías hacer algo por los demás de vez en cuando; alguna buena obra, aunque sólo fuera para que conocieses la felicidad que se siente al ser útil al prójimo.

­–Ya lo hago, a diario.

–¿?

–Me cuido bien. Algún día podría llegar a hacer algo positivo para la humanidad y he de cuidarme para poder llegar bien hasta ese día.

 

 

Capítulo 2 Comunicación (Tres años más tarde).

 

Por fin tengo un dominio suficientemente fluido del braille. Hoy he preguntado qué me sucedió. Mi ceguera y sordera absolutas fueron causadas por mi cercanía al pequeño meteorito que arrancó la cabeza al alumno malcriado mientras hablaba con él. No pude evitar sonreír ante su equivocada visión del futuro. El que sí fue útil fue su padre. Su colchonería se sacrificó en un incendio, pero amortiguó el impacto del meteorito, que hubiese causado cientos de muertos en el centro comercial.

 

 

Capítulo 3 La verdad. (Cuarenta años después).

 

Ahora sé por qué mi alumno fue ejecutado. La máquina que podía lanzar pequeñas cantidades de materia inerte al pasado, como si de meteoritos se tratase, habría sido inventada por él. Solo que lo habría hecho catorce años antes, en plena crisis internacional. El intento de varios países por hacerse con esa tecnología habría sido el desencadenante de la tercera guerra mundial.

 

 

Epílogo.

 

Fui yo quien dijo con exactitud dónde se encontraría y en qué momento. Acepté los daños personales que yo iba a sufrir como un justo castigo por asesinar a un genio.

 

                

                 Manuel Trigo  Nogales          (España)         www.manueltrigo.com

                

                 Manuel Trigo es autor de la novela "La esfera negra". Una obra de género fantástico donde, casi hasta el final de la misma, sólo el protagonista es extraordinario, siendo el resto de los personajes muy cotidianos y representantes de la sociedad española de las dos últimas décadas. Arroja una visión muy distinta de los orígenes del Universo y de la vida. Lo sobrenatural se introduce en el contexto de una novela, aparentemente realista, de un modo sutil al principio y creciente a lo largo del desarrollo, presentándose de un modo creíble y cautivador.

 

                                                                                                                      

                                                                

 

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 Escrito 25

 

 

 

Escrito 25

  

 

¿Existirán los ángeles?

¿Cómo serán?

 

Preguntas frecuentes de todos, preguntas las cuales han sido  muchas veces respondidas, aunque sean erróneamente.

 

Afirman y reconocen tan solo a 4, Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, aunque a veces a este ultimo lo niegan de igual forma como lo hacen con otros mas.

 

Los ángeles o seres de la luz, fueron las primeras creaciones de Dios, fueron luces  divinas las cuales tienen virtudes y la gracia de manifestarse en cualquier forma, ser o tiempo.

 

Desde los inicios de los tiempos, los ángeles han sido participes en los mensajes o desgracias del mundo de antaño y aunque lo dudes, del mundo actual.

 

Mucha gente niega su existencia  y por irónico que  parezca, mucha de esa gente es la que hoy en día es portadora de la palabra de Dios.

 

Hoy en día, en esta era en la cual hay manifestaciones de todo tipo, el choque de ideologías modernas y antiguas, han provocado un nuevo acercamiento.

 

Acercamiento y alejamiento de fe.

Acercamiento y alejamiento de cualquier creencia

Creación y final de religiones,

 

Pera todo esto debido no ha Dios, y muchos menos a la fe, si no gracias a los oradores actuales.

 

Un ángel es la esencia de la verdad, es la voz de la verdad, es la voz de dios hacia sus hijos terrenales.

 

El mundo actual vive un tiempo de frialdad de sentimiento, de engaño de corazón, de mentiras de palabras de manipulación de amor y esperanza.

 

Que pasaría si leyeras  la verdad, de la historia de tu mundo.

 

Que pasaría si descubrieras que Cristo fue y vivió como tu.

 

Como reaccionaria el mundo, si  las  paradojas, parábolas e historias de los  evangelios no fueran las verdaderas.

 

Que harías  si lo que leyeras te respondiera tu vida.

 

Podrías descifrar el presente, el pasado, y futuro.

 

Que diría tu corazón si descubriera que Jesús es el ángel supremo.

 

Pues así, con esas mismas preguntas, los ángeles hoy en día responden en tu lengua, responden con tu sentimiento,  responden tus inquietudes.

 

Muy pocos creen, pero esos pocos, entenderán que es verdad.

 

Los ángeles, no vienen a negar las religiones, simplemente vienen a contar la verdad antes de la visualización de nueva cuenta del hijo de dios, hijo el cual camina entre todos.

 

Los ángeles no vienen a causar terror, mas sin en cambio si vienen a dar el mensaje de las catástrofes próximas, aunque la decisión es de cada quien.

 

Por irónico que sea, los ángeles nos vienen y nos enseñan una virtud pequeña,  pero gigantesca a la vez, y se llama albedrío.

 

Albedrío el cual es tu yo, y solo tu sabrás si crees o no crees.

 

Los ángeles son como quieras que sean, son tu esperanza.

 

Dios mando a su hijo a este mundo a vivir y aprender, protegido por ángeles.

 

Ángeles los cuales jamás han partido, aunque si han sido ignorados.

 

Pero ahora en este siglo de cambios, la llegada anunciada  del regreso ha sido dictada, las nuevas escrituras, las verdaderas, dictadas de nueva cuenta son.

 

Y los ángeles con  esa virtud de esperanza, con amor y paciencia, dictan renglón por renglón,  vivencias por vivencias, acción por acción.

 

Lo nuevo ha llegado.

 

Los ángeles están hablando.

 

Creer o no creer es de ti.

 

Dichosos los que entiendan.

 

 

Autor: Israel de Ramos  (Méjico) http://groups.msn.com/vozdeangeles

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 Sombras del pasado

 

 

 

 SOMBRAS DEL PASADO

 

 

Le tengo aquí, junto a mí. Hace sólo tres días que ingresó por urgencias con un cuadro de embolia cerebral.

 

Sólo yo sé que está recuperado, pero la medicación que  le administro le mantiene en aparente estado de coma. No puede comunicarse con los familiares y enfermeras, sólo escucharles y  observarles como a través de una impenetrable pantalla.

 

No puede articular movimiento alguno, ni tan si quiera pestañear. Sabe que no logrará poner en alerta de su estado consciente a quienes están junto a él.

 

Él ha escuchado cómo he contado  a sus familiares las falsedades sobre la irreversibilidad de su estado y la dolorosa agonía, y cómo éstos, deseando evitarle todo sufrimiento, han consentido en que se lleve a cabo la eutanasia.

 

Nos hemos quedado a solas en la habitación, y sé que puede escuchar cuanto le digo mientras observa mi cara de satisfacción.

 

Cuando decidió inscribirse en la lista de quienes desean ser sometidos a una muerte dulce en el supuesto de enfermedad terminal, no sopesó los posibles imprevistos.

 

Yo soy su IMPREVISTO.

 

El no podía imaginar que su antiguo compañero de escuela, aquél del que hacía muchos años no había vuelto a saber nada, terminaría siendo médico internista de este hospital, donde me trasladaron hace sólo unos meses.

 

He cerrado las cortinas y me he sentado al costado de su cama para que él pueda observar cómo hechos que creía ya olvidados pueden volver a tu memoria.

 

Cuando he aproximado a sus ojos un viejo crucifijo, un sexto sentido me dice que ha comprendido.

 

Aún recuerdo como él permanecía estupefacto mientras veía a Don Antonio, nuestro encolerizado maestro, golpearme en las palmas de las manos con su vara de almendro. Un cruel castigo para quien se había atrevido a dar vuelta al crucifijo de la pared.

 

 El delator se vio premiado con una palmadita en la espalda y una sonrisa de gratitud. Pero hoy le aguarda la segunda parte de la recompensa, una dolorosa inyección letal y una nueva sonrisa. La mía, la sonrisa de la muerte.

 

Autor: Ramón Cruz (seudónimo) (Perú)

 

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 Standby

 

 

 

STANDBY

 

Hoy Dios ha venido a visitarme. Quería charlar conmigo. Tal vez, incluso, desvanecer mis dudas.

 

Yo no quería  ser descortés, pero sabía que tú me esperabas.

 

Breves disculpas y la  cadenilla de la puerta han bastado para poder, como cada día,  correr a tu encuentro.

 

* * *

Te quiero, Ana.

 

Mañana, como siempre, volveré temprano. Pero ahora debo marcharme; van a cerrar  las verjas.   

 

* * *

Ya, entre las sabanas, veo apagarse otro nuevo día.

 

El crucifijo de la pared permanece oculto bajo señal de STOP que yo mismo arranqué de aquel siniestro lugar.

 

Dios ha dejado un menaje en el contestador, desea poder verme y hablar sobre ti. No comprende que en aquel cruce la verdadera víctima fue él, porque tú, y no él, aún vives en mí.

 

Adolfo Ruiz      (España)   

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 Relatos anteriores (2)


 
LITERATURA PARA TODOS
(Acceso y difusión gratuita)

Mi bella durmiente (relato breve).

Manuel Trigo Nogales

Madrid

 

 

 

 45 Minutos (relato breve).

Ángel López Santizo

Guatemala

 

 

 

Ahora no (poema)

Antonio Carreño (seud.)

Almería